Segunda plata para el Unicaja

  • Queeley (36 puntos) tumba al competitivo equipo malagueño

El Unicaja perdió por segundo año consecutivo la final de la Minicopa ante el Real Madrid. Por un marcador amplio (83-60), pero compitiendo hasta bien entrado el último cuarto con un equipo que blanco que, usando la posibilidad de la invitación de jugadores para el evento, ha vencido en el último trienio. Esta discutible opción permite que el Madrid alinee el año pasado al lituano Balciunas, el anterior a Luka Doncic o en esta edición al inglés Kareem Queeley, que decantó absolutamente la final. Con un físico portentoso que le permitió hacer cinco mates, aliñado con un buen conocimiento del juego y una muñeca inusual a estas edades, metió 36 puntos y alcanzó 43 de valoración.

El Unicaja, en cambio, fomenta la selección de jugadores de toda Andalucía. Alguna vez ha tenido la opción de llevar jugadores de este calado y, aunque importa talento a partir de cadetes, considera que en infantiles aún no es el momento. El ADN cajista en competiciones inferiores es la competitividad, la seña de identidad ante equipos más altos o más fuertes. Y la sigue teniendo el cuadro de Manolo Bazán. En un partido en el que Golden Nnaemeka, el fornido niño de 1.96 metros de raza negra nacido y criado en Huelin, estuvo menos suelto ante rivales de parecido nivel y cargado de faltas desde pronto, se venció cara la derrota aunque el Madrid estuvo desde el primer momento por delante en el marcador (12-24 al final del tercer cuarto).

A falta de Gody, que acabaría con 21 puntos y 11 rebotes algo inflados en el final, fue el cordobés Lucas Muñoz quien ejerció la resistencia malagueña. Acabaría con 24 puntos, también lastrado por las faltas personales, pero se llevó la mayor ovación del Centro Insular de Deportes, con más de media entrada, unas 2.500 personas. El exterior supo encontrar algunas vías de agua en la tupida defensa blanca, más alta y más fuerte. La lesión de Paquito Montiel, el inteligente base malagueño, mermó al equipo de Bazán. Jugó renqueante y lo notó.

Con diferencias que oscilaban entre los 10 y 15 puntos se movió el grueso del duelo, aunque el Unicaja llegó a colocarse a siete con balón en el cuarto final, con el público tomando partido por él. Pero Queeley robó un par de balones para culminarlos en mate y metió un triple para decantar una competición desnivelada.

La salud competitiva de la cantera del Unicaja está intacta. La cadena de producción sigue activa, como refrendan los resultados en categorías inferiores. Si el primer equipo amplía la nutrición de jugadores de sangre propia la nota del buen trabajo que se hace crecerá. Joan Plaza, como hizo el primer día, estuvo en el CID observando el encuentro con atención. Parece difícil que alguno de los ayer presentes lleguen a jugar a sus órdenes por cuestiones de tiempo, pero quién sabe.

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