Simeone hace regresar al Atlético

  • Los rojiblancos ya se meten en zona europea con el lavado de imagen y resultados que le ha otorgado el técnico argentino · Ocho goles a favor y ninguno en contra, datos que certifican la mejoría en el juego

La Torre de Babel en la que siempre está inmerso el Atlético, con las opiniones divergentes de sus dirigentes o los continuos cambios de opinión de los mismos, ha encontrado su mejor traductor en Diego Pablo Simeone, el técnico que ha revitalizado al conjunto rojiblanco de tal forma que ya nadie duda en colocarlo como uno de los máximos aspirantes a esa cuarta plaza que ahora mismo ocupa el Levante, algo impensable antes de Navidad.

De hecho, el Atlético ha regresado a la zona europea, tras su empate en Santander y la derrota del Athletic en el Benito Villamarín, y la mejoría no sólo se atañe a los resultados sino que ahora sí ofrece una sensación de equipo olvidada a orilla del Manzanares desde los mejores tiempos de Quique Sánchez Flores.

Si algo ha elevado Simeone en este Atlético ha sido el compromiso de su plantilla. Ya no aparece el conjunto colchonero como ese equipo disperso donde cada jugador hacía la guerra por su cuenta, sino que tanto en la presión como a la hora de elaborar el juego, el despliegue es armónico y con cada uno sabiendo perfectamente la tarea que le exige el entrenador. De esta forma se ha empezado a recuperar al mejor Diego, un futbolista que, implicado y bien llevado, hace mejor a sus compañeros.

Los números señalan bien a las claras esa mejoría del Atlético. En los seis partidos con Simeone en el banquillo ha sumado 12 puntos, con tres victorias y otros tantos empates. Ocho goles a favor y ninguno en contra es el balance que presenta el cuadro colchonero en estos seis encuentros, y todo a pesar de Toño, que realizó hasta nueve paradas en el encuentro del pasado sábado, o de los postes, donde se estrellaron sendos disparos de Diego o Falcao. Definitivamente, el Atlético ha dejado atrás la apatía que exhibía en los tiempos de Gregorio Manzano y ahora ya sí parece ese equipo llamado a disputar uno de los puestos de honor del campeonato liguero.

Con Simeone, que en su discurso antepone los resultados al juego pero que ha cambiado radicalmente las sensaciones futbolísticas de su equipo, el Atlético ha demostrado que un cambio de entrenador a tiempo sí sirve para enderezar el rumbo de una nave a la deriva. El Atlético está de vuelta y esa cuarta plaza para disputar la Liga de Campeones ha encontrado a un candidato más que serio a ocuparla.

El Atlético de Simeone empieza a contar con un once reconocible. Courtois, en la portería; Juanfran, Domínguez o Miranda -el único cambio de la alineación-, Godín, Filipe Luis, en la defensa; Tiago y Gabi, en el doble pivote; Adrián, Diego y Arda Turan, como línea de tres con mucha movilidad; y Falcao en la delantera para realizar lo que mejor sabe, cazar los balones que aparecen en el área. Simeone ha trasladado el carácter guerrero con el que destacaba como futbolista y ahora el Atlético es un equipo aguerrido y competitivo.

la deserción del barça

La jornada también trajo consigo la confirmación de algo que se vislumbraba desde hacía tiempo, como el derrumbe del Barcelona cuando actúa de foráneo, lo que para muchos ya ha significado el fin prematuro del campeonato. La derrota de los azulgrana ante Osasuna los ha dejado a diez puntos del Madrid, una distancia que parece insalvable viendo la facilidad para ganar partidos del equipo de José Mourinho. 17 puntos ha sumado el Barcelona como visitante por los 28 del conjunto madridista, lo que explica con claridad esos diez puntos que existen entre el primer y el segundo clasificado del campeonato. El propio Pep Guardiola ya apuntó en su discurso a la Liga de Campeones como el objetivo, colocando al Madrid como virtual campeón. El Barcelona, por los muchos motivos que aparecen como atenuantes -una plantilla corta o las lesiones-, ha desertado del campeonato liguero, sin aguantar el ritmo infernal de puntos al que obliga el Madrid. Ni la victoria en el Santiago Bernabéu, que provocó el peor momento de Mourinho en el Madrid, sirvió para variar el rumbo de una Liga con marcado acento madridista.

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