Tapia sigue invicto en el santuario que aún venera

  • El ex entrenador del Málaga volvió a seguir el partido agazapado en su banquillo, como ya hizo en su primer regreso · El encuentro se desarrolló como lo había planeado

¿Recuerdan a Antonio Tapia en el banquillo del Málaga? Vivía sobrepasando el límite del área técnica al dar las instrucciones, ese mal endémico de los entrenadores. Su pose usual era cruzar los brazos, acaso en ocasiones la barbilla apoyada sobre la mano derecha, y maltratando su garganta esporádicamente. ¿Lo vieron cuando vino con el Poli Ejido, su primer regreso a La Rosaleda tras ser destituido? ¿Y ayer? Nunca salió del techo del banquillo, como aquellos porteros a los que se les acusa de vivir bajo el larguero. Es la consecuencia de jugar en La Rosaleda, el que sigue considerando su santuario, aunque su cargo actual le impida decirlo a viva voz.

El de ayer fue el segundo retorno del carismático entrenador a su casa, su tercer encuentro contra el Málaga desde que lo dirigió en Primera División y fue destituido en la jornada 21 tras perder contra el Espanyol. Queda todo el cariño, pero también mucho conocimiento, ya que Tapia sigue invicto contra su equipo de toda la vida: el año pasado, en las filas del Poli Ejido, igualó a un tanto en Málaga y allí logró un vasto 4-1.

Y es que, aparte de respetar los ritos por ser un buen amante del Málaga, Tapia, malagueño con permiso de su partida de nacimiento, demostró su idilio con la ciudad y el equipo volviendo a demostrar que conocía el plantel a fondo, aunque Muñiz revolucionara la plantilla en verano. Supo encontrar entre sus múltiples vídeos cómo castigar la espalda de Helder y también cortocircuitar el centro del campo blanquiazul, especialmente en la segunda mitad, en la que el Málaga fue incapaz de hilvanar juego más allá de puntuales acometidas.

Es su factoría, el sello de su trabajo. Fue uno de los partidos más incómodos para el Málaga en La Rosaleda, como lo fue para él sentarse en el banquillo rival, algo extraño para el ojo blanquiazul. "El año pasado fue un poco más raro, pero hoy [por ayer] ya uno se iba acostumbrando y fue bien", se limitó a valorar el técnico del Granada 74, que ante un micrófono intenta hablar lo menos posible de su Málaga, no vaya a ser que el subconsciente le traicione.

Eso sí, nunca faltan los buenos propósitos de Tapia cuando le toca enjuiciar la trayectoria malaguista. "Veo al Málaga con serias opciones de ascender. Tiene un equipo muy equilibrado y se están dando todos los condicionantes para que el equipo vuelva a Primera de nuevo. Ojalá", deseó el nacido en Baena.

Pero no todo fueron parabienes. A pesar de irse satisfecho por el buen partido de su equipo, "sobre todo en la segunda mitad", lamentó una posible falta de Salva en el gol del Málaga cuando fue inquirido sobre el tanto injustamente anulado a Apoño minutos antes. "¿Te refieres al gol en el que Salva le hace falta a Crespí? En el gol de Apoño ha pitado fuera de juego. Yo no podía ver desde mi posición si le había dado un jugador de mi equipo o no, pero sí he visto que Salva ha empujado a Crespí. Otra cuestión es que el árbitro lo interprete como falta o no", señaló Tapia, recibido con indiferencia por culpa de los actos previos al encuentro.

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