Victoria desde el blindaje

  • El Málaga, que no ganaba en El Sardinero desde el curso 00/01, supera con amplitud al Racing después de que Munúa sumara 322 minutos imbatido, la sexta mejor racha blanquiazul bajo palos de la década

Como ya ocurriera dos semanas atrás en el Calderón, la victoria lograda ayer por el Málaga en El Sardinero es otro ejemplo más de su crecimiento, otro signo de que hace tiempo dejó de ser un boceto para erigirse en una realidad que ha basado su diseño y construcción, principalmente, en su seguridad defensiva. Lo decía Manolo, de nuevo titular ayer, el pasado jueves: "El equipo parece una roca". Una solidez que propició que el Racing apenas creara peligro a pesar de gozar más tiempo del dominio de la bola y de que Munúa avanzara un paso más en la tabla de porteros blanquiazules menos goleados. Con el 0-3 en tierras cántabras, el meta uruguayo hace suya la sexta mejor racha bajo palos de la década: acumula 322 minutos imbatido, a dos de la quinta que ostenta Arnau. Si no encaja ante el Espanyol, se quedará a 17 de Koke Contreras, líder en tal clasificación.

El feudo cántabro presenció, además, el tercer encuentro que el Málaga encadena sin lamentar goles en contra, el cuarto en las últimos cinco jornadas (sólo Cristiano Ronaldo rompió dos veces la red albiceleste durante la visita de éstos al Bernabéu). Una estadística en la que tiene mucho que ver Toribio, pieza básica en el engranaje de piedra orquestado por Juan Ramón Muñiz, que deshizo los malos números cosechados en El Sardinero en las campañas previas. Y es que el Málaga no recordaba lo que era festejar tres puntos en el estadio del Racing desde el curso 2000/2001, cuando una diana de Manolo Canabal daba el triunfo a los de Peiró. En definitiva, la zona de descenso se aleja a los cinco puntos, a falta de lo que haga hoy el Tenerife ante el Mallorca.

indiferencia

Muñiz se tomó la revancha de la primera vuelta. Aquel día sacó toda su artillería en la visita a La Rosaleda del Racing y su plan se volvió en contra en forma de derrota inmerecida (1-2). Ayer, en su retorno a Santander, el gijonés pudo celebrar una pequeña venganza de la que no hizo ni hará sangre. La grada santanderina le dispensó un recibimiento regado de total indiferencia. Nunco hubo conexión y la falta de feeling quedó nuevamente demostrada. Muñiz devolvió la ausencia de saludo con la segunda victoria consecutiva del Málaga a domicilio.

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