Visita al dentista

  • El Málaga juega con el Barcelona en su momento más temible de la temporada Sin Camacho, sin Amrabat y ante el mejor Messi, pero con el recuerdo del empate sin goles en La Rosaleda

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Todos los años hay que ir al menos un par de veces al dentista. Sólo pensarlo da dentera. Pero hay que ir. El Camp Nou y el Santiago Bernabéu son los dentistas de la competición. Aún no tocó ir a Madrid, Barcelona es hoy. A estos estadios se acude no sólo pensando en la dificultad de puntuar, sino en evitar un chaparrón; a veces no salir goleado casi se asume como una buena secuela. Con el permiso abierto siempre a la sorpresa, porque esto es fútbol, no matemáticas, y porque Javi Gracia ha enseñado a los suyos a no renunciar nunca a nada, por allí desfilan esta tarde los blanquiazules. Sabiendo que históricamente es un partido tormento. Que el Barcelona, bueno de por sí, está en modo rodillo. Pero también que en la ida se levantó un dique ante ellos. Y que Valcarce y Agostinho galoparon hace quince años por ahí triunfantes en un escenario que pintaba más utópico que el de hoy.

La desigualdad es extrema. Sobre todo, viendo los biorritmos de los dos equipos. Once victorias seguidas, acompañadas de buen fútbol y una cascada de goles, es lo que blande el Barcelona. El Málaga, más cabizbajo en este tramo de competición, sólo ha ganado uno de los nueve partidos oficiales que ha jugado en 2015. A Luis Enrique le están saliendo perfectas las rotaciones, Javi Gracia acude sin su mejor guerrero, Amrabat, y sin su mejor escudo, Camacho. Se dibuja un panorama tan desalentador que pensar en que el Manchester City aguarda al Barcelona el próximo martes ayuda a aliviar en cierta medida la voracidad de los jugadores azulgranas. Aunque, muchas jornadas después, los catalanes jugarán antes que el Real Madrid, lo cual supone un plus de motivación para verse por encima del líder tras tanto tiempo a rebufo, aunque sea sólo por unas horas. A cada argumento repasado, más difícil se torna la empresa.

Pero he ahí que el equipo blanquiazul ya frenó este año al Barcelona. Cuando era líder. Cuando nadie le había hecho un gol. En su primer gran momento de forma de la temporada, un inicio con pleno de victorias. Conseguir un 0-0 ante ellos es un gran mérito. No sólo por robarles un punto, sino por lograr que la meta se quede inmaculada. En el Camp Nou ese valor se multiplica exponencialmente, más aún ahora que el gran Messi vuelve a enseñorearse y Neymar se ha convertido en su socio más letal. Eso sí, parece que el brasileño partirá desde el banquillo pensando en la reapertura de la Champions.

Aunque Javi Gracia siga hablando de permanencia, lo que realmente parece peligrar, viendo la tendencia a la baja de los últimos meses, es la séptima plaza. Celta y Espanyol amenazan con seguir comiendo terreno, y el Málaga no está muy fiable. El Camp Nou no parece ser el mejor estadio para seguir defendiendo la trinchera clasificatoria, si bien también se erige como escenario ideal para puntuar, algo que revitalizaría muchísimo la moral blanquiazul, tan tocada últimamente y tan difícil de levantar en los encuentros como visitante.

Jugar en el terreno de juego que se hace más grande del fútbol español implica precauciones extraordinarias. De qué once jugadores elija el técnico navarro y cómo los disponga en el once dependerán mucho las posibilidades blanquiazules sobre la cancha. A priori, la idea es hacer sentir incómodos a los de Luis Enrique jugando con las líneas muy juntas y no permitiéndoles su característico juego posicional. Sin espacios, el Barcelona tiene que jugar más lento. Ese es el 50% de la tarea; el 50 restante consiste en amenazar a la contra y ser muy eficaces en las pocas ocasiones que conceda el Barça. Pero, claro, el dentista nunca sabe de cuánto será la factura hasta que no te abre la boca.

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