Weligton no vale 500.000 euros, vale más todavía

  • Cuajó otro magno encuentro y reafirmó su gran validez para el fútbol · Baha, con su octavo gol, se convirtió en el primer malaguista de la historia en marcar en Ipurúa

¡Pelota al interior del área... Despeja Weligton! ¡Balón colgado a la meta de Goitia... Saca Weligton de cabeza! ¡Cuidado que Del Olmo se ha ido de Helder... Rápido al corte Weligton! Weligton, siempre él. Fue la historia en Ipurúa, pero como en El Helmántico, Mendizorroza y otros tantos. Dicen que es una mala noticia que un portero o un defensa sean el mejor jugador del equipo, pero ver al brasileño es una gozada. Su opción de compra está cifrada en 500.000 euros. Este Málaga concursal no hallará otro chollo igual para armarse en Primera.

Porque dos motivos deben llevar al aficionado a pensar que el objetivo está cerca: la distancia con los perseguidores, que desde la jornada 7 nunca ha sido inferior a los seis puntos (entiéndase bien este concepto: el Málaga debe perder dos partidos seguidos y sus inestables perseguidores, un día el Sporting, otro el Elche, otro el Celta, ganar dos); y las hechuras del equipo, mordaz en La Rosaleda y siempre rocoso a domicilio (más allá de los accidentes en Córdoba y Albacete).

de ipurúa al camp nou

Para jugar en el Camp Nou, el rectángulo de mayores dimensiones de España, antes hay que pasar por campos como Ipurúa. Para ser competitivos en la cancha del Barcelona, antes ha habido que serlo en Eibar. Tanto en campos pequeños como grandes, una teoría se antoja indiscutible: hay que mantener la intensidad hasta el pitido final. Así como un Barcelona que está haciendo un mal partido te puede ganar con una jugada aislada en el último suspiro, el Eibar puede sacar partido a uno de sus múltiples balones colgados al área cuando juega en casa. Sí, el sabor es agridulce, porque Goitia hizo lo más difícil, parar un penalti, y a falta de cinco minutos los de Mandiola rompieron el cántaro tras una buena contención todo el tiempo anterior. La defensa defendió bien, pero el centro del campo no. De haber movido más el balón en la medular, el Eibar hubiera gozado de menos merodeos al área blanquiazul. Buena moraleja para cuando el año que viene el Málaga visite al rival de azulgrana con el que la afición sueña arrostrar, no el de ayer.

baha es el gol

Si Weligton gobierna el área, Baha establece su reinado en el área opuesta. El franco marroquí es el gol. No sólo porque sea el máximo anotador de la plantilla con ocho tantos (que él, ambicioso, considera pocos), sino por el halo de estrella que deja en cada acción. No necesita marcar para dejar claras sus prestaciones (inteligentes cambios de sentido, maniobrabilidad con ambas piernas, gran potencia para controlar el balón), pero su ego necesita anotar, especialmente tras cuatro jornadas sin hacerlo.

Un detalle le ayudó ayer: saltó al terreno de juego con unas botas amarillas que adquirió recientemente. Pero no terminan de convencerle. "Me gusta que me aprieten el pie", aduce. Al descanso se las cambió y recurrió a las grises, con las que anotó en Tenerife más de un mes atrás. Jesús Gámez, que debió oler el tufillo, se contagió y se sacó de la chistera un pase atípico de un lateral. ¿Suerte? Ya son tres las que lleva esta temporada el fuengiroleño. Baha hizo poco para culminar, apenas un toque al palo corto. El mucho lo había hecho antes merced a un grandioso desmarque entre líneas. Su segundo tanto en Ipurúa, el primero del Málaga allí en cualquier denominación. Su buen rendimiento merece guiños del destino así. Sólo hay un pero: hace cuatro meses y medio que no marca en La Rosaleda.

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