"Esta afición sabe apreciar cuándo un jugador lo hace bien o mal"

  • Jiri Welsch disfruta de su mejor momento en Málaga y lo valora tras los malos tragos de la temporada pasada, en los que aguantó el chaparrón de una hinchada descontenta con sus prestaciones: "Sólo digo gracias"

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Vive Jiri Welsch días de vino y rosas en Málaga. No es Gregor Samsa, aquel protagonista de La Metamorfosis de su compatriota Kafka, pero casi. Ha conquistado a una afición que le había bajado el pulgar. Ahora se marcha al banquillo entre aplausos. Welsch agradece el apoyo, pero mantiene los pies en el suelo. Lleva desde muy joven fuera de casa, con 27 años ha estado en muchos equipos y ha conocido a grandes estrellas, ha vivido una interesante experiencia de cuatro años en la NBA, de la que habla en profundidad. Sabe que la constancia y el esfuerzo es el camino para el éxito.

-Ha cambiado la cara al equipo y la suya en el último mes. ¿Cuál ha sido la clave?

-Empezamos muy mal, básicamente en la ACB. Pero hemos sabido trabajar, los jugadores nuevos se han acoplado bien y hemos conseguido victorias importantes.

-No sólo ha sido el número de victorias, sino la entidad de algunos rivales (Madrid o Barcelona) y el juego del equipo lo que ha ilusionado.

-Sí, hemos jugado un baloncesto interesante, rápido. Corremos el contraataque y eso agrada al público. Pero todavía podemos mejorar. En los últimos partidos hemos bajado un poco en defensa.

-En este periodo se está viendo al mejor Welsch en Málaga.

-Estoy en un buen momento, pero lo más importante es que hemos recuperado posiciones en la ACB. Todavía no estamos dentro, pero con una victoria más nos clasificaríamos para la Copa.

-Desde fuera se le ve con mucha confianza, como si no le pesaran los fallos que sí le afectaban la temporada pasada.

-Eso es lo que ha cambiado a nivel personal. Todavía hago fallos, y soy consciente, pero lo importante es olvidarlos, seguir luchando y, si no se acierta con la canasta, ayudar en otros aspectos, como la defensa, el rebote o el pase. No ha sido un momento concreto en el que he cambiado, ha sido algo progresivo. En este segundo año estoy más cómodo. Conozco el sistema de Sergio [Scariolo], conozco mejor a mis compañeros y lo noto en la pista.

-Scariolo abrió la rueda de prensa posterior al partido ante el Armani diciendo que había completado un partido impresionante, borrando a Gallinari y muy bien en ataque.

-Me entero ahora. Está bien [risas]. No quiero jugar sólo en ataque. Tengo mucha responsabilidad en la defensa y hay partidos en los que me toca parar al jugador más peligroso del equipo rival, como sucedió con Gallinari. Es como una misión, un reto para mí. También me gusta ser importante atrás.

-Ha conseguido cambiar la percepción del público sobre usted. Decía después del Europeo que había limpiado su mente y que quería ganarse a la afición. Sus últimas actuaciones las ha cerrado con una ovación.

-Hombre, claro que es mejor tener ovaciones que pitos. La gente de Málaga sabe de baloncesto. Aprecia cuándo un jugador lo hace bien y cuándo lo hace mal. Sólo puedo decirle que muchas gracias y que espero que sigamos así.

-¿Es el mejor Welsch o aún puede ser más continuo?

-Estoy a un nivel alto pero, como dije antes, el equipo puede mejorar. Por tanto, yo también tengo que hacerlo, aunque sea difícil.

-Ha mejorado en todos los porcentajes de tiro.

-He trabajado mucho en verano, antes de empezar el Europeo, con un entrenador personal. Mucho tiro, baloncesto, físico y mentalidad. Y el resultado se nota, creo.

-¿Por qué se atascó el equipo en la ACB y en la Euroliga siempre marchó muy bien?

-Mucha gente me pregunta cómo jugamos bien en la Euroliga y mal en la ACB. La Liga aquí en España es muy fuerte, desde el primer equipo al último. En esta fase de la Euroliga jugamos contra, por ejemplo, Le Mans o Cibona, que no son tan fuertes como la mayoría de los equipos ACB. En segundo lugar, es muy difícil jugar dos competiciones. Por viajes y porque hay que cambiar la mentalidad. Con los árbitros, en la Euroliga se puede jugar más duro y con más contacto y luego volvemos a la ACB y tenemos problemas con las faltas. Pero somos profesionales y es un placer jugar en las dos competiciones.

-¿Su mejor adaptación le hace estar más cómodo en la pista?

-Sí, se nota, da tranquilidad. Mi mujer y yo disfrutamos mucho de vivir en Málaga. Hablamos un poco de español y cada día estamos mejor. Ayuda también en la cancha.

-¿Visita sitios de Málaga?

-Alguno, sobre todo cuando viene familia y la llevamos al centro. Por ejemplo, mis padres han estado aquí durante la Navidad y se fueron ayer a la República Checa. Lo del clima es increíble. Ahora allí hace 5 grados bajo cero. Ellos llegan aquí y no se lo creen, están felices. Este clima te pone más contento.

-¿Y cómo empezó en el baloncesto?

-Yo vivía en un pequeño pueblo, en Holice. Después más tarde ya fui a Pardubice, que es una ciudad más grande, con más tradición de baloncesto. Mi primer entrenador fue mi padre. Él no jugaba, sólo era aficionado. Ahora estuvo en los partidos ante el Gran Canaria y el Armani. Me vio jugar y se quedó impresionado por el pabellón, los aficionados y el nivel de juego del equipo. Dice que lo disfrutó.

-¿Siguen sus actuaciones en su país?

-Nuestros partidos de Euroliga los ofrecen siempre por la televisión. Tenemos dos deportes muy importantes, el fútbol y el hockey hielo, que están muy por encima. El baloncesto creo que ha subido en los últimos años y puede ser el tercero.

-¿Cuándo se dio cuenta de que podía ser un profesional de la canasta?

-Cuando me fui de Pardubice a Praga. Con 18 años ya jugaba en el primer equipo del Sparta y era profesional. Allí estudiaba también en la Universidad, Ciencias del Deporte. Después de dos años en Praga me llamó el Olimpija de Ljubljana. Para mí era un sueño que con 20 años te fichara un equipo de la Euroliga. No lo podía imaginar.

-Ljubljana fue su trampolín.

-El primer año teníamos un equipazo. Beno Udrih, Becirovic, Brezecý Nos eliminó la gran Kinder de Jaric, Ginobili o Smodis en cuartos de final de la Euroliga. Nos ganaron el primer partido por un punto y el segundo por dos. El Olimpija tiene mucha historia y una de las mejores escuelas de baloncesto en el continente. Fue un paso decisivo en mi carrera.

-Empieza a llamar la atención de la NBA. ¿Demasiado pronto?

-Todo iba muy rápido, es verdad. El segundo año en Ljubljana jugué muy bien, metí 15 puntos por partido en Euroliga. Los agentes y los equipos empezaron a interesarse. Me eligió Philadelphia en el puesto 15 del draft, pero rápidamente me mandó a Golden State Warriors. El primer año fue difícil, pero la experiencia fue increíble. Afortunadamente, dominaba el inglés. Estar en la NBA, el sueño de todo jugadorý Todo era nuevo. Los pabellones, los mejores jugadores, los equipos históricosý Estuve en una plantilla muy joven. Estaban Gilbert Arenas, Antawn Jamison, Jason Richardson, Mike Dunleavy...

-¿Es muy diferente un vestuario de la NBA a los de aquí?

-Aquí estamos mucho más cerca, unidos. Cuando estamos fuera de casa estamos bastante tiempo juntos, en las comidas, las cenas, en las habitaciones. En la NBA todo es mucho más individualista, los jugadores van a su aire. Prefiero Europa en ese sentido.

-Y llega el traspaso a Boston.

-Boston es diferente, es como jugar en el Real Madrid de fútbol. Sólo allí podías hablar con Red Auerbach, John Havlicek (que tenía origen checo) o Bill Russell. Llegaban por el entrenamiento o antes del partido y se dirigían a ti, contaban su experiencia. Sólo podías escuchar. Ellos son dioses, jugadores increíbles, leyendas. Jugar en Boston es una experiencia única. Estuve dos años allí y en el primero pude hacer mi mejor baloncesto. Fue la única vez que tuve bastante confianza en la NBA. Con Jim O'Brien, ahora en Indiana, dispuse de muchos minutos durante casi toda la temporada, casi siempre de titular. Al año siguiente llegó Doc Rivers, que está todavía allí. Boston eligió jugadores en el draft en mi posición y tenían que desarrollarse. No era fácil para mí tener minutos.

-Allí compartió equipo con una estrella como Paul Pierce.

-Un jugador increíble. Puede hacer todo. Tirar, postear, penetrarý Se aprende mucho jugando de él. Me traspasaron después a Cleveland, donde estuve sólo dos meses.

-Le dio tiempo a coincidir con LeBron James.

-Como jugador es impresionante, pero también es buena persona. Es un tío normal, habla con todos los compañeros sin problemas. Es verdad que intenta ser reservado porque todo lo que le rodea es increíble, se magnifica muchísimo. Pero tengo un buen recuerdo de él.

-Y un último año en Milwaukee.

-Una temporada para olvidar. En la primera parte de la temporada tenía 10-15 minutos por partido, pero después del parón del All Star no jugué nada. Me quedo con que tuve la oportunidad de conocer y tener mucha relación con una leyenda del baloncesto como Toni Kukoc. Aprendí muchísimo de él, dentro y fuera de la pista.

-Cuatro años muy movidos.

-Afortunadamente, todo lo hice con mi mujer, con la que estoy desde los 19 años. Tener una compañera es una ayuda fundamental.

-Y después, el regreso a Europa, a Málaga.

-Todo el mundo sueña con jugar en la NBA, yo también, pero disfruto más del baloncesto aquí. En Málaga tengo la oportunidad de jugar partidos muy importantes a menudo. Play off, Final Four, Copaý Esto da vida al jugador. Para mí, es mucho mejor que jugar 82 partidos de Liga Regular. Hay muchos que no sirven para nada, sobran.

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