Con cara de tontos (0-2)

  • El Espanyol se lleva tres puntos fundamentales pese a su escaso bagaje ofensivo Amrabat marró un penalti a cinco minutos del final y Sergio García sentenció en la última acción del duelo.

Llevarle la contraria al "no" es como intentar coger el viento con las manos. El de anoche es de esos partidos en los que el electrónico se muestra tozudo. Uno lo mira una y otra vez y no entiende cómo el rival lleva más goles. Pero estaba escrito que no iba a ser la noche del Málaga; y no lo fue. El equipo blanquiazul metió todas sus papeletas en la urna del encuentro, sobre todo en la segunda mitad, y no se llevó nada; el Espanyol jugó una sola y se marchó con el premio grande. Cuesta quitarse la cara de tonto después de encuentros así. 

Quedó sellada otra derrota en La Rosaleda, algo extraño esta temporada pero que ya es la segunda vez que ocurre en 2015. El equipo de Sergio González, cansado tras el esfuerzo copero, vino a hacer una faena de aliño y pensando que el empate era buena pesca. No podría imaginar la renta posterior. Pero tuvo la fortuna que le faltó al Málaga en los momentos de la verdad. Si Álvaro asestó un mazazo a cinco minutos del intermedio, Amrabat marró un penalti faltando el mismo tiempo para la finalización. Ese fue el factor diferencial del duelo, la puntería. El resto del partido fue un muro catalán, un sinfín de centros al área despejados y una colección de intentos frustrados de los de Javi Gracia. El tanto final de Sergio García fue una mera anécdota, ya no había nada más que hacer. 

Así que la derrota ante un rival directo por la séptima plaza (ahora a seis puntos y con el average a favor), que presumiblemente se sumará a otra más en el Camp Nou el próximo sábado, reabre esa lucha y da más argumentos a Javi Gracia de que la permanencia todavía no está conseguida. 

De no ser por el escandaloso talento de Sergio García, el partido en ataque del Espanyol habría sido una anécdota. De hecho, tuvo que ser un central el que abriera el marcador. Un golazo de Álvaro que empezaba a dibujar el boceto de la cara de tonto en los aficionados y el equipo. 

Normalmente, esa suerte de golpes dejan a un equipo tocado. Pero al Málaga lo enrabietó. Salió como una moto del vestuario el equipo blanquiazul; a los segundos de la reanudación ya había sacado un córner. Sin más cambios que una marcha más en el corazón, el Málaga se pareció al que gusta en casa. Rosales y Boka fueron dos extremos más, Camacho gobernó y distribuyó y Amrabat apareció por todas partes, más aún cuando Javi Guerra entró por Juanmi. Por insistencia parecía que llegaría al menos el empate. Un tiro del veleño lo despejó bajo palos con la mano Colotto, recién entrado al campo. Parecía una acción para olvidar, pero ello acabó salvando al Espanyol. Ninguno de sus compañeros le discutió el penalti a Amrabat; sí que lo hizo Casilla, quien le adivinó las intenciones. Ahí se pinchó el globo. La séptima plaza no será tan fácil de abordar; queda por delante una lucha más que igualada.

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