Poco champagne, mucha gaseosa

  • El paso de las jornadas vuelve a poner de manifiesto que la Liga BBVA es la menos emocionante de cuantas se disputan en Europa · Los relevos en los banquillos colocan en la picota a los futbolistas

No por mucho reiterarse deja de ser sonrojante la comparación de la Liga con el resto de los grandes campeonatos europeos. Mientras que en Inglaterra, Alemania o Francia la lucha por el título o por la salvación están totalmente abiertas, en España el campeonato está prácticamente decidido a favor del Real Madrid y las distancias entre los equipos en descenso y los que están en salvación son las mayores del continente.

Porque no es lógico que a falta de quince jornadas por jugarse la diferencia entre Real Madrid y Valencia, primer y tercer clasificados, sea de 21 puntos. En Inglaterra, por ejemplo, el Manchester City marcha en cabeza, seguido por el United a dos puntos y por el Tottenham, algo más descolgado, pero sólo a siete puntos. Únicamente el Manchester City se acerca a los 61 puntos que tienen sumados hasta el momento los madridistas, aunque los de Mancini han necesitado dos jornadas más, 25, para sumar 60 puntos. Por abajo, QPR, Blackburn, Bolton, Wigan y Wolves están separados por dos puntos, por lo que entre ellos cinco se dirimirá quién descenderá de categoría.

Un punto es lo que separa a los candidatos al título en Italia y Francia, a saber, Milan y Juventus y PSG y Montpellier, respectivamente. A 8 del liderato se encuentran en Italia Udinese y Lazio y a 9 el Lille en Francia, aunque no están descartados ni mucho menos para lograr cotas más altas.

Sin embargo, un vistazo a la Bundesliga es la mejor muestra de que calificar como competición a la Liga es algo ridículo en comparación con el campeonato germano. En Alemania, Borussia Dortmund, Borussia Mönchengladbach, Bayern Munich y Schalke 04 están separados por cinco puntos y los tres últimos clasificados se encuentran empatados a puntos. Todo ello metido en la coctelera tiene como resultado la que posiblemente sea la liga más emocionante de Europa, lo que a su vez provoca que raro sea el estadio que no roza el lleno jornada tras jornada y que los derechos de retransmisión de los partidos de la Bundesliga sigan aumentando su valor jornada tras jornada. ¿Desde cuándo no se cuelga el cartel de no hay billetes en las taquillas de un estadio español?

culpables habituales

Otra diferencia se encuentra en los banquillos. Hasta ocho técnicos han sido destituidos en lo que va de campeonato en España y sus sustitutos tampoco es que hayan descubierto la pólvora. Obviando a Míchel y Clemente, que aún no han tenido tiempo material para que su trabajo se vea reflejado en el Sevilla y en el Sporting, los ejemplos más claros de mejoría han sido el Granada desde la llegada de Abel y el Atlético de Madrid con Simeone. Los nazaríes llevan cuatro jornadas bajo la tutela del que fuera guardameta del Atlético, habiendo logrado tres triunfos y una derrota. Simeone, por su parte, ha dirigido en siete partidos ligueros al Atlético, empatando cuatro de ellos y ganando tres, observándose un cambio de actitud y de sacrificio en sus jugadores, a pesar de que en sus alineaciones pocas o ninguna variación hay respecto a las que Manzano solía usar, dando valor a las primeras declaraciones que Míchel hizo en Sevilla, en las que se puso en manos de los futbolistas, los verdaderos protagonistas de este invento.

Los otros relevos en los banquillos han dejado bien a las claras que los cambios de técnicos poco pueden variar las dinámicas provocadas por la mala configuración de las plantillas. Siete partidos lleva Molina en el Villarreal con tres triunfos, dos empates y dos derrotas. El mismo número de encuentros lleva Jiménez en Zaragoza, siendo su balance 1 triunfo, 2 empates y 4 derrotas. Caparrós, que fue el primero en relevar a un compañero, aunque este cambio obedeció a razones extradeportivas, mantiene al Mallorca en la zona tranquila de la tabla, algo lógico hasta cierto punto viendo la plantilla con la que cuenta, confeccionada para habitar en esa zona.

¿Conclusión? Del mismo modo que la Liga está sobrevalorada en relación con el resto de Europa, el maná que parece traer un cambio de técnico no es tal. No hay revoluciones en los onces ni cambios de planteamiento radicales. Como mucho, un plus de actitud e implicación de once señores muy bien pagados que independientemente de ventas de humo y máquinas de hacer lluvia, siguen siendo los actores protagonistas de este invento.

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