Córdoba | málaga · la crónica

El día más tonto

  • Incomprensible El Málaga no supo dar uso a 38 minutos de superioridad y cayó justamente en Córdoba Entrega El equipo se vio carente de actitud y aptitud ante un Córdoba aferrado a su corazón

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Parecía complicado que el Málaga tuviera un día más tonto que el que vivió en Albacete, pero era posible (quién sabe si habrá un día peor). Las circunstancias de El Arcángel invitaban a la fiesta. Un millar de aficionados pintando Córdoba de blanquiazul y 38 minutos de superioridad numérica ante un rival que se había desfondado en la primera mitad y anímicamente disminuido parecían argumentos sobrados para ampliar a la decena las jornadas sin perder. Pero el propio invitado aguó la celebración. Desconocido y falto de ambición, el líder no fue más que una sombra de sí mismo.

Vaya por delante que los de Paco Jémez sólo blandieron el corazón y el estajanovismo en las jugadas de estrategia como armas para tumbar al Málaga. Una vez más, se demostró que cuando el rival no opone buena actitud, al menos no la suficiente, esas estrategias valen para ganar encuentros.

La trayectoria del Málaga es tan buena que puede permitirse lujos como el de ayer, el segundo tras la negra noche de Albacete (2-1). Aunque el daño sea aprovechado por los perseguidores, el más cercano se quedará a seis puntos (y muy probablemente el Numancia recuperará el liderato), todavía un asentamiento de privilegio. No obstante, la imagen no puede permitirse derrotas como la de ayer. Aún queda por ver muchas derrotas del Málaga este año, pero la estela triunfalista de Muñiz y los suyos se ve muy afectada en encuentros así.

Desde pronto, se vio que no era el día de la aptitud. Hilar más de dos pases seguidos era toda una empresa. Apoño y Erice, ayer en el doble pivote, intervenían más con la testa que con el pie. Hasta Cheli, el goleador, necesitó de un rebote en un poste para machacar su tanto, ése que merecía su moral.

Tampoco fue el de la actitud. A los puntos, el Córdoba arrasó a los blanquiazules en la primera mitad. Cinco ocasiones claras, dos de ellas con remates en la madera incluidos, no encontraron justo premio y compendiaron una temporada aciaga de los blanquiverdes en cuestiones de tino. Pese a ello, los locales atacaban con fe; en los visitantes no había fe para atacar. Compensado el mazazo psicológico de Cheli (gol en el minuto 44 en el primer disparo a puerta) con una gran combinación a los tres minutos de prolongación, la batalla tras el descanso reforzó los roles.

Pese a que Ito dejó con diez a los suyos (52') y ponía el partido en bandeja para el triunfo del Málaga, el medidor de actitudes reflejaba las mismas agujas. El 2-1 de Pablo Ruiz, tanto iba el cántaro a los saques de esquina, premió el corazón cordobesista e hizo justicia a los méritos. Sólo en los diez minutos finales pareció que el Málaga quería sumar al menos un punto. Sólo entonces se apreció en el campo que los de Muñiz jugaban con uno más.

Es triste que a estas alturas de la competición ya se pueda aseverar que el Málaga tiene dos males endémicos: la defensa de las acciones a balón parado y la incapacidad para abrir a rivales en inferioridad numérica. Por más que se ensaye, trabajo que Muñiz prepara a puerta cerrada cada semana, con competición en juego rara vez suelen defenderse bien los peligros aéreos. Durante media hora en Tenerife, el aún líder sólo creó peligro en dos lanzamientos de falta. Ayer, Julio Iglesias sólo tuvo que hacer una parada en el minuto 90.

Sandro lo resumió con la sinceridad que otros rehusaron: "Han ganado porque han sido mejores". La imagen que valía más que esas palabras era la frustración de Baha cada vez que el Málaga intentaba planear un ataque -no pudo demostrar su ambición porque sólo le llegó un balón al interior del área en el alargue-.

Con todo ello, una verdad sigue impregnando de optimismo la realidad blanquiazul: sólo vencer los nueve partidos de casa serán garante de ascenso. La moraleja psicológica que se extrae de la derrota de ayer es que parece complicado un tercer día tan tonto. Ver las tristes caras de los futbolistas a punto de subirse al autobús de vuelta a priori avalan un mejor tono contra el Castellón. Son los mismos que están zurciendo una magnífica campaña.

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