Un final frustrante

  • Derrota El Unicaja firma un lamentable cuarto final tras tres iniciales de muy alto nivel y entrega al Panathinaikos la llave del liderato Encogidos Los malagueños encallaron en la agresiva defensa griega

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El Panathinaikos convirtió en historia la infranqueabilidad del Carpena. 23 victorias y más de dos años después, el Unicaja hincó la rodilla en Málaga en un partido de Euroliga. De diciembre de 2006 a febrero de 2009, del Maccabi al terrible PAO, orgullo clásico de la clases pudientes de Atenas. El aplicado y talentoso ejército de Zeljko Obradovic, el coleccionista de Euroligas, desnudó al Unicaja, que completó un cuarto final lamentable que no hizo justicia a tres primeros de excelente nivel, exigido por un rival de superélite. Perdió el equipo de Aíto (69-81) más que un partido. Le robaron el cómodo colchón adquirido en Roma y se evaporó en gran medida las opciones de finalizar en la primera posición del grupo. El Top 16 no admite contemplaciones.

Frustró sobremanera el modo de caer. No hay rival más complicado en el continente y el Unicaja le miró a los ojos durante 30 minutos. Pero encalló en el momento de la verdad. Desapareció del partido, incapaz de descifrar la agresiva defensa del Panathinaikos. Sí, los árbitros estuvieron muy permisivos con los griegos. Pero es algo que se sabe, moneda común en la Euroliga. El Unicaja suele también bordear los límites de la falta y lo utiliza en sus partidos en casa. Ha sido una de las claves de tan longeva secuencia de invencibilidad.

El caso es que los triples que en el primer tiempo sostuvieron a los malagueños (nueve) desaparecieron en el segundo (sólo uno). La muñeca se encogió, el ataque se espesó y la granítica defensa ateniense se impuso. Estuvo nueve minutos y medio el Unicaja sin anotar una canasta en juego, hasta que Berni peleó dos puntos. Apenas cuatro tiros libres había despachado el impotente cuadro de Aíto. Nada que oponer a los triples de Drew Nicholas, las taurinas embestidas de Pekovic o las delicatessen de Jasikevicius, como en una de sus mejores noches.

El Unicaja, en el preámbulo, se sobrepuso a un comienzo complicado. Con 3-11 en el marcador y Diamantidis y Pekovic dictando una lección de interpretación y ejecución del bloqueo y continuación el panorama se presentaba sombrío. Apenas dos triples de Cabezas fueron el sustento ofensivo malagueño en un inicio adverso en el que se atragantaba la fuertes defensa del Panathinaikos. El Unicaja se enchufó en el momento preciso, antes de que los daños fueran irreparables. Lo hizo, ya con Cook en pista, en una secuencia de triples (Jiménez, Haislip y Berni) que se tradujo en un parcial de 13-0 (19-13).

El duro intercambio de golpes no dejó daños colaterales en ninguno de los dos equipos, que se introdujeron en el cuerpo a cuerpo, en estrechos márgenes de diferencia, no más de cinco puntos. Aíto y Obradovic daban rienda suelta a su amplio arsenal, a su fondo de banquillo. Jasikevicius, que no compareció en el parqué hasta el minuto 12 y que hasta entonces se entretenía haciendo malabares con un balón en la silla, apareció dejando su huella en un pabellón en el que en su día hizo diabluras con la camiseta del Barcelona... con Aíto de entrenador. Triples de seda, suspensiones elegantes y un pase a la mano a Batiste estilo rugby para enmarcar. En el otro lado, un Cook rebosante de confianza disparaba tres ráfagas sin error desde los 6,25. Después desaparecería. El Unicaja contenía mejor a Pekovic, pero la dinamita del perímetro heleno ejercía de contrapeso para comprimir la contienda al descanso (45-44), en un partido del máximo nivel continental.

El tercer cuarto fue un aviso de lo que acontecería en el último. Pekovic marcó territorio (51-56) antes de que Haislipe colocara un soberano tapón a Batiste y reactivara al Unicaja con cinco puntos consecutivos. Pero ahí capituló el equipo malagueño, con un triple de Berni que otorgó la última ventaja (61-59).

Desde ahí, el desmorone, la impotencia y la desazón. El Panathinaikos llevó el partido a su territorio y derribó la fortaleza del Carpena. El peaje no es demasiado severo en términos clasificatorios, pero la atractiva posibilidad de acabar como primeros de grupo se complica hasta el extremo. Belgrado, la infernal Sala Pionir que ayer derritió al Lottomatica, es la siguiente prueba. Sólo apta para valientes.

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