Cuando el fútbol hierve

  • La tensión con la que se vivió la previa del clásico entre los técnicos se trasladó en el campo a los jugadores de ambos equipos

Es ley de la naturaleza: si se calienta líquido en exceso, al final, hierve. Y el Real Madrid-Barcelona, que venía moviéndose por aguas cada vez más tórridas, quemó como pocas veces ayer. "Hablemos de fútbol", había pedido Mascherano. Imposible, porque estaba todo dado para que hubiera más partido fuera que dentro del terreno de juego.

El resultado final marca un 0-2 para el Barcelona con un doblete de Messi, pero lo verdaderamente importante podría parecer para muchos la anécdota de la noche. Porque desde el césped alto y no regado para perjudicar al veloz y preciso fútbol azulgrana, hasta el rugido de furia contra Pep Guardiola al ser nombrado en el Bernabéu, pasando por los ánimos alterados de buena parte de los protagonistas... todo se conjugó para dar forma a una verdadera noche de furia.

Pero todo empezó el martes con el cruce de declaraciones de ambos técnicos, si bien la frialdad del saludo inicial de los dos contrastaba con la virulencia con la que se expresaron en la sala de prensa apenas 24 horas antes. Un saludo, que cogió casi por sorpresa al preparador azulgrana, que no había acabado de salir del túnel de vestuarios cuando se encontró con la mano del portugués, quien ya sobre el terreno, no quiso prolongar más de lo necesario, tan protocolario gesto.

La grada del Bernabéu sintetizó con ironía en un repetido cántico que versionaba el clásico Guantanamera y se burlaba de las explosivas frases del técnico del Barcelona: "¡El puto amo, Mourinho es el puto amo...!". En el campo no había deseos de fútbol, sino de venganza, de aplastar al adversario. Vicente del Bosque había confesado su preocupación por los enfrentamientos entre compañeros de selección. No le faltaba razón. Busquets, Arbeloa, Piqué y a veces Sergio Ramos fueron nombres reiterados en las faltas violentas, los tumultos y las provocaciones. Hombres como Xavi, Xabi Alonso y Casillas buscaron, siempre que pudieron, calmar los ánimos.

Pero no era noche para la calma. Constantemente al límite en sus áreas técnicas, Mourinho y Guardiola daban órdenes y mantenían la tensión de sus jugadores. El final del primer tiempo llegó con un tumulto originado entre Keita y Arbeloa, que acabó con Pinto expulsado por lanzarle un manotazo al defensa madridista y coger del cuello a Chendo. Después llegó la falta de Pepe a Daniel. El estadio estalló de furia, Mourinho inició una tensa conversación con Puyol y las imágenes remitían a un conflicto bélico que acabó con Mourinho en la grada por lanzar irónicos aplausos al árbitro alemán Wolfgang Stark y a su colega en el otro banco. El "uh, uh, uh" con selvático tono gutural para herir a un recuperado Daniel fue la última voz de muchos hinchas blancos, porque enseguida apareció Messi, la estrella que opaca a todas las demás.

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