El gol de Apoño entró a 107 km/h

  • Su tanto ante el Alavés recorrió 23,8 metros en 1,18 segundos con una media de 98,5 km/h

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Apenas pasados unos segundos del golazo de Apoño ante el Alavés, surgió una comunión entre los asistentes a La Rosaleda para designarlo: "¡Vaya Apoñazo!". El término acuñado aludía a la velocidad del disparo del malagueño. Una recreación informática del tanto a la que ha tenido acceso este periódico ha podido calcularla. En el momento de traspasar la línea de gol, la pelota volaba a 106,9 km/h.

La velocidad media durante los 1,18 segundos que transcurrieron desde el golpeo de Apoño hasta que llegó a la línea de gol, una distancia de 23,8 metros, se sitúa en 98,5 km/h. Aunque los factores considerados por el estudio hablan de un margen de un punto arriba y otro abajo de fallo debido a la ausencia de datos de viento, la precisión en el cálculo es del 95 por ciento.

El análisis arroja como conclusión un perfecto golpeo del canterano. El hecho de que la pelota fuese tan paralela al suelo evitó que el coeficiente de rozamiento y la gravedad restasen potencia al lanzamiento. Además, propiciaron que el disparo fuera incrementándose a cada metro y no perdiera fuelle al final, como suele pasar en otros chuts menos aerodinámicos en los que el balón va de abajo arriba. Tanto es así que, en el momento del disparo del balón, éste salió despedido a 84,6 km/h, entró a gol a 107 e impactó en la red a 107,6, su máxima cota.

Para la ejecución, según se estima en el estudio, también fue muy importante la fuerza imprimida por el futbolista tanto en el momento del impacto (el balón oficial de la LFP pesa entre 435 y 440 gramos) como en la carrerilla que tomó para ello.

Por tanto, los que culpaban a Ardouin de hacer la estatua en el tanto han visto su teoría derribada tras estos datos -la capacidad de reacción de los porteros en disparos así es casi nula-, aunque el misil del blanquiazul aún queda lejano de los grandes cañonazos de Roberto Carlos, el último gran lanzador que ha pasado por la Liga española. Calatayud, ex portero del Málaga, ya sufrió en el Santiago Bernabéu (hace cuatro temporadas), un misil imparable a más de 120 km/h. No obstante, el brasileño ha llegado a chutar a 170 km/h, según relata él mismo en su página web oficial.

La historia recuerda a potentes lanzadores. De Rivelino, estrella brasileña en la década de los 70, se decía que lograba lanzar a unos 200 km/h, aunque por entonces no existían medidores de velocidad. Cuando la realización de los partidos de fútbol empezó a incorporarlos, se han llegado a testar chuts del interista Adriano a 129,7 kilómetros, una velocidad ligeramente superior al gol con el que Koeman dio al Barcelona su primera Copa de Europa en Wembley. En balonmano, desde una distancia de nueve metros, el cubano nacionalizado español Julio Fis llegó a lanzar a 117 km/h, recientemente.

A priori, Rossato es el especialista en el golpeo más facultado para romper la pelota de un disparo. Desde el sábado, parece que Apoño está capacitado para hacerle la competencia.

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