La lógica se paga en croata

LA lógica es un aburrido concepto que es perseguido en todos los ámbitos de la vida, desde cruzar una calle, hasta colocar un defensa, de atarse los zapatos a ajustarse las espinilleras. En el mundo enredado de hoy en día, los campeones de la lógica son las aristotelianas casas de apuestas, que una vez más se la pegaron.

La sonora Klagenfurt vio cómo Croacia daba un nuevo aire a la Eurocopa derrotando a Alemania para temblor de los sapientes apostantes, que se rascaron la cabeza sorprendidos. Ese grupo de croatas, con las botas cargadas de talento y las rodillas de sacrificio, volvía a saborear la felicidad de lo que significa tumbar al teutón. Hace diez años, en el Gerland lionés, una selección nueva cargada de jugadores sobresalientes, con Suker, Boban, Boksic o Asanovic, echaba a la Alemania de Berti Vogts y de paso jubilaba a Klinsmann. Ayer, las casas de apuestas se rascaron el bolsillo y la costa dálmata volvió a latir viendo cómo Fashion Löw sentía como su camisa de marca se ponía rígida delante del confortable traje de Bilic, quien por una vez planteó un partido perfecto.

Croacia es un país históricamente ligado a Alemania e Italia, al punto de que se la consideró la salida al Mediterráneo de los teutones y vio cómo sus trágicos pecados guerreros fueron obviados. Claro que ayer estaban en juego cosas más lúdicas y emotivas, como son el orgullo y el asegurar el pase torero evitando el miura ibérico de los cuartos. Alrededor de la versátil figura de ese aroma de buen fútbol que encarna Modric, aires de Alain Giresse, las huestes balcánicas ahogaron y retrataron al medio campo, a una defensa que se asemeja a un campo de moais y a un Lehmann que va al suelo a ritmo de Torre de Pisa.

La 'bestia de los cabezazos'

Por un momento, tras el gol de Podolski, se pensó en esos minutos germanos que empiezan en el noventa y terminan en la ducha. Porque, si en algo se caracteriza el Sacro Imperio, es en mostrar que el peligro no siempre viene por donde se le espera. ¿Cuántos suplentes alemanes han marcado en los últimos suspiros? ¿Kuranyi emularía a Hrubesch o Bierhoff? Pero para eso hay que llamarse Horst y no Kevin, y ser apodado la Bestia de los Cabezazos, que eso en alemán es cosa seria. Hrubesch, goleador impenitente, que ganó en Roma la Eurocopa de 1980, en el último latido, ante la Bélgica de Guy This. Pero ese tipo de heroísmo, que el teutón llama normalidad, se deja para otras lides o prórrogas, cuando el salto se hace sin red y el enemigo ya se quedó sin cartuchos.

Red que besó Vastic para alegría de un Hickersberger que ya se veía perdido. El técnico austriaco, desesperado, se limpiaba las gafas para ver cómo a sus hombres se les empañaba la vista y erraban lo imposible. Por un momento pareció que Austria disparaba flechas de madera contra un tanque, Boruc en este caso. Polonia se quería suicidar, pero Austria, en un ejercicio de humano masoquismo, no la dejaba y quería tirarse al Danubio ella solita, como gentil anfitrión. Al final, por una vez, el punto fatídico hizo justicia con el local.

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