Un lustro instalado en la élite a base de buen trabajo

  • El equipo canario puede quedarse fuera de la Copa del Rey por primera vez en cinco años · Aún no ha ganado a domicilio

Buena planificación, buena vista en los fichajes, excelente gestión en los despachos y el banquillo y máxima optimización de los recursos disponibles. A grandes rasgos, estas podrían ser las principales razones que han llevado al buen rendimiento del Gran Canaria en el último lustro. Cinco años en los que el conjunto insular se ha ganado a pulso el calificativo de Milagro amarillo y en los que ha tenido peso específico el trabajo del ahora director general del Unicaja, Berdi Pérez. Cinco presencias consecutivas en el play off por el título y cuatro en la Copa del Rey hablan por sí solas del gran nivel mostrado por el Gran Canaria estos años.

Por ello, la apuesta el pasado verano volvió a ser la de la continuidad. El mismo entrenador y sólo un par de retoques en la plantilla: Carl English por Jimmy Hunter y Christopher Massie por Jackson Vroman. El primero ha vuelto a demostrar la puntería en la política de fichajes (ya es el máximo anotador del equipo), pero el segundo fue sustituido hace diez días por el también norteamericano Niklas Caner-Medley, al que sólo le ha dado tiempo de disputar dos partidos ACB (5 puntos y 7 rebotes de media).

El resto sigue siendo el mismo bloque rocoso de la temporada pasada: Marcus Norris y Mario Fernández en la dirección, Roberto Guerra, Jin Moran y Sergio Pérez en el perímetro, y Savané, Kornel David, Freeland y Baldo en el juego interior.

De momento, los resultados no están siendo tan buenos como en temporadas anteriores y, tras cuatro presencias consecutivas, la Copa está muy lejos. El punto débil sigue siendo su debilidad a domicilio. En lo que va de temporada ha perdido en sus siete salidas. La última, el pasado viernes en Gerona.

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