Málaga master internacional de tenis

La mente de Nadal decide

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La edad (21 y 31 años), sus recalcitrantes pasiones futbolísticas (Real Madrid y Barcelona) y el nivel de concentración mental son las grandes diferencias entre los mallorquines Rafa Nadal y Carlos Moyà. Este último aspecto inclinó la balanza en la final del Master Málaga Internacional, en la que un relajado Moyà acumuló demasiados errores no forzados ante el número dos del mundo, al que le bastó servir eficazmente y aprovechar las concesiones de su rival para apenas invertir una hora en reeditar el título que ya se llevó la temporada pasada. Nadal ganando, una estampa usual para clausurar un torneo de exhibición más apagado que el del pasado año.

Nadie comprendería la fuerte amistad entre los ayer finalistas viendo sus actitudes sobre la pista. La frialdad fue absoluta, sin lances de cara a la galería. El último precedente databa de los cuartos de final de Roland Garros, en los que el manacorí arrasó al mallorquín soberanamente por 6-4, 6-3 y 6-0. El doloroso resultado, sobre todo en el último set, justificaba el gélido saludo final. Y es que Moyà estaba jugando un tenis de alta escuela. Lógico en Francia, en Málaga el público aguardaba mayor complicidad por el formato de la competición.

No la hubo en la pista, sí en la sala de prensa, con ambos protagonistas pegados al micrófono como hermanos. Ahí sí demostraron su cariño, ese que les lleva las noches entre partido y partido de los grand slams a conectar la Play Station hasta la madrugada con un claro reto en juego: quien gane ordena al otro diez flexiones cuando lo decida. Ver a Nadal cumplir su apuesta en los Campos Eliseos o a Moyà en restaurantes de postín han sido algunas de las consecuencias.

Quizá por eso se esperaba sobre la pista mayor relajación, acciones para la foto. Lo que hubo fue poco que contar. "Con la persona con la que menos me molesta perder es con Carlos", sostiene Rafa Nadal. Pero antes que esa, otra premisa guía la vida del tricampeón de Roland Garros: nunca le gusta perder.

Dicha sensación protagonizó el choque desde el inicio. Nadal aprovechó su primera opción de rotura en el segundo juego del partido para encarrilar el primer set. Hubo que esperar hasta los últimos puntos de la manga para ver intercambios de raqueta atractivos. Los excesivos errores no forzados de Moyà propiciaron puntos demasiado cortos, un flaco favor para el espectáculo.

La seriedad con la que Nadal se tomó el encuentro, más patente a medida que avanzaban los juegos, no dio ninguna opción a su contendiente. Tan sólo alguna de sus derechas cruzadas desde el fondo de la pista aderezaron la sensación de superioridad con la que tiñó el choque. El primer set se acabó en un visto y no visto.

Moyà inició la segunda manga al servicio, intentando asegurar para revertir la dinámica. Se contagió merced a un largo y espectacular punto (el tercero del parcial) que ganó en la red y a los aplausos del respetable, que abandonó la idolatría hacia Nadal para ponerse del bando de Moyà. El objetivo era claro: alargar el duelo lo máximo posible para disfrutar de un tercer set a cara o cruz. El de Manacor no lo permitió. Otra vez aprovechó la primera oportunidad para romper el servicio de Charly en el tercer juego. Desde ahí al final, cada uno mantuvo su saque sin apuros y la grada, escasa, se quedó sin la opción de más espectáculo.

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