El 'nuevo' Almagro, feliz y familiar

Ya no sufre con el tenis, sino que lo disfruta. También tiene archivado el dolor por no haber sido tenido en cuenta para la Copa Davis y se perfila como líder del equipo el mes próximo: es el nuevo Nicolás Almagro, la versión feliz y racional del talentoso número tres español, un tenista con la familia a cuestas.

Porque su caso es único en el circuito. En las zapatillas tiene grabados los nombres de sus tres hermanos y la palabra "papás", en reconocimiento a sus padres. También está Cris, su novia. Lo mismo sucede en la raqueta.

"Pensé que la manera de no echarlos tanto de menos era que estuvieran siempre conmigo", dijo Almagro. "Lo vengo haciendo desde hace dos años, cuando tuve la suerte de que me personalizaran las raquetas y las zapatillas".

Dos años en los que la carrera de Almagro cambió. Primero con la decisión de entrenar en Barcelona al mando de Josep Perlas, que lo convirtió en top ten por primera vez en su carrera. Ahora lo dirige Samuel López, de la academia de Juan Carlos Ferrero, que está en Villena, cerca de Alicante y a una hora en coche de Murcia, su ciudad natal.

Hombre familiar al cien por ciento, Almagro sufre con los permanentes viajes a que obliga el tenis, pero a sus 26 años ya no sufre por el tenis en sí.

"Estoy disfrutando, aprendí a valorar las cosas importantes de la vida, me siento un privilegiado de poder estar disfrutando del tenis. Voy a luchar con todas mis fuerzas para seguir estando ahí y que el día que me retire no me pueda reprochar nada", aseguró.

Dueño de un tenis de potencia y sutileza -"el revés a una mano está en peligro de extinción"-, Almagro trabajó durante bastante tiempo con un psicólogo. Entre él y su novia, que está terminando la carrera de abogacía, lo ayudaron a entender que no tenía derecho a desperdiciar tanto talento. Y ahora, mira al equipo de la Davis: "Voy a estar a disposición del equipo español siempre que el capitán lo pida".

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