La partitura de los Samus (1-0)

  • El Málaga se rehace del palo copero con un partidazo para tumbar al Valencia. Espectacular versión de los canteranos, que hicieron estragos en la defensa y fabricaron el tanto de la victoria.

Los Samus compendian la idea de Gracia. El técnico quiere que la segunda línea la formen jugadores de ida y vuelta, que sean los primeros en defender, los más voraces en ataque. Por eso la delantera está llena de juventud con ellos y Juanmi. En sus mejores días, atacan como depredadores y defienden como fieras. En sus mejores días, el Málaga tiene su mejor día. Y se convierte en un perfecto acordeón. Eso pasó. El Valencia, una suma de muy buenas individualidades que aún busca sus automatismos, sucumbió ante la mejor cara blanquiazul, la que tanto se echaba en falta. Los Samus, dos diablos de Tasmania, Zipi y Zape, causaron estragos. Si a ellos se le une el grado imperial de Camacho y  Weligton, el resultado es que el interruptor se vuelve a encender, que el Málaga vence y divierte.

Hacía falta ya la primera victoria de 2015 en Liga. Pero, más aún, rellenar el ánimo tras el escozor, que aún persiste, de la eliminación copera y las nubes que había dejado la venta exprés de Antunes. Desde luego, derrotar a uno de los gallitos y aspirantes a la Champions da ese extra de endorfinas, que habían entrado durante el mes de enero. No es constructivo pensar que apenas la mitad del Málaga competitivo de anoche se hubiera merendado al Athletic; sirve para iluminar el futuro, para cerrar una caída en barrena tras la caída en el torneo.

Como Lázaro, el equipo se levantó. Pero no anduvo; corrió. Corrió y corrió, jugó bien al fútbol, acumuló hombres arriba, ofreció dinamismo para buscar buenas soluciones y defendió a dentelladas. Ese era el Málaga que se había evaporado y que la gente anhelada. Ese Málaga, ya se sabe, le puede competir a cualquiera. De hecho, casi se pudo ir al descanso con el partido resuelto. Javi Guerra, el único un pelín por debajo del rendimiento de los atacantes, tuvo dos ocasiones para facturar el choque en 45 minutos.

Pese a la cortedad del marcador, no hubo que lamentarlo al final. El fútbol no habría sido justo con el equipo, que otra vez dio a su afición el añadido de sus canteranos. Javi Gracia atacó con cuatro malagueños; dos de ellos, los Samus, esos bichos, tomaron el toro, cada uno por un cuerno. Samu, García, es listo como el hambre. Vio el boquete en la espalda de los plomizos centrales del Valencia y los horadó con balones medidos al hueco. Uno de ellos lo cazó Samu, Castillejo, con remate acrobático. Ha fallado los más fáciles y se estrenó en la élite en el más complicado. Un golazo a la malagueña fabricado desde Carretera de Cádiz.

Gracia, que se permitió el lujo de dejar a Amrabat en el banquillo, lo rescató en el tramo final para hacer pupa a la contra. No llegó la sentencia, tampoco el Valencia subió los niveles de sufrimiento, menos aún después de que Joao Cancelo fuera la víctima de la tormenta de tarjetas de Clos Gómez. El Málaga ya no está en la lona, vuelve a sacar músculo. Si los Samus siguen interpretando la partitura y los demás se aferran a la solidaridad, el futuro vuelve a ilusionar.

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