El reto de afrontar el trauma baskonista en una final

Dos años y medio después, el destino le depara al Unicaja una ocasión preciosa para sacudirse de una vez por todas su maldición baskonista. Dos años y ocho meses después de aquel partido que le coronó en Vitoria como campeón de la ACB, el equipo malagueño vuelve a encontrarse al Tau en una cita con la gloria como trasfondo.

Muchas cosas han pasado en la relación malagueña-vitoriana desde aquel 21 de junio de 2006 y nada bueno. Trece duelos en el marco de la ACB y trece derrotas, la mayoría de ellas por k. o. y con una dolorosa sensación de impotencia. El triunfo en el partido por la tercera plaza en la Final Four de Atenas aparece a estas alturas como un oasis, un espejismo en el que el Unicaja amagó con devolver a esa rivalidad la lógica que debe imperar entre dos equipos de potencial similar.

Sin duda, el Tau se ha ganado a pulso el calificativo de bestia negra. Desde que Berni Rodríguez levantara el trofeo de la Liga ACB en el Buesa Arena, una maldición parece perseguir a los malagueños. Pero el destino le proporciona esta tarde una oportunidad para saldar cuentas. Esta vez no se trata de un partido de la liga regular, ni siquiera de una partido de play off. El Tau aguarda ahora en una final, la primera que cajistas y baskonistas afrontan desde aquella recordada final ACB. El triunfo vale hoy doble. Supone un título, la segunda Copa malagueña de la historia, el cuarto título cajista.

La situación anímica cambia radicalmente esta tarde para el Unicaja. Si en cuartos y semifinales partía como favorito ante Kalise Gran Canaria y MMT Estudiantes, hoy parte con el cartel de víctima propicia. El Tau se sabe superior. Y no sólo por sus antecedentes con su rival en la final. Su gran trayectoria le han convertido en el rival a batir. Líder de la ACB con sólo dos derrotas en 22 partidos y líder de su grupo en el Top 16 de la Euroliga. Su juego enamora y, a día de hoy, parece imposible hacerle frente. Pero con ese halo de invencibilidad juega también el Unicaja.

Los de Aíto han hecho los deberes haciendo buenos los pronósticos que le señalaban como el equipo más fuerte del otro lado del cuadro. Ganó al Gran Canaria, ha ganado al Estudiantes y ahora se presenta en el partido definitivo sin ningún tipo de presión. Nadie apuesta al verde esta tarde. Por eso, cualquier cambio de guión durante la final acabará beneficiándole. Haislip puja por ser el MVP de la Copa, la defensa vuelve a brillar, Cabezas está disponible y la moral, por las nubes. Todo listo para afrontar el bonito reto de superar el trauma baskonista... si no lo impide Rakocevic.

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