Un sistema que ya no ofrece tantas sorpresas como antes

La previsibilidad en la finales Real Madrid-Barcelona es una de las cuestiones que ha rondado en esta Copa del Rey. La casualidad hace que se emparejen en cuartos de final cuando uno de los equipos no es cabeza de serie o que no se crucen hasta la final. El debate aumenta en el entorno. Las sorpresas se diluyen, pero es la realidad que hay en el baloncesto español ahora mismo, la distancia entre Real Madrid y Barcelona y los demás es alta. Aunque la visión es poliédrica, probablemente su presencia es lo que permite que el baloncesto siga teniendo un tirón en eventos como la Copa del Rey.

En cuanto a la organización en Las Palmas, el tiempo ha deslucido bastante la posibilidad de vivir la otra Copa en la calle. La confluencia con el Carnaval tampoco se ha revelado demasiado beneficiosa. El frío reinante en el Gran Canaria, algo impropio de una instalación moderna y recién construida, ha sido una de las taras de la competición. No es pecar de chauvinismo malagueño, pero el sentir mayoritario cuando se dialogaba con miembros de la habitual familiar copera es que no hay muchos lugares como Málaga para vivir una competición como la Copa del Rey.

Para la edición de 2016 se explorará otro mercado diferente al del circuito habitual, como es La Coruña. Como sucedía con las Islas Canarias, hace más de 20 años que la competición no se disputa en tierras gallegas. Peor tiempo que el que ha habido en Las Palmas será complicado y se sabrá a lo que se va dispuesto. Del nivel deportivo, una conclusión que se ha extraído y que se ha escuchado incluso a los propios protagonistas es que la pista se va quedando pequeña por la mayor rapidez y el mayor tamaño de los jugadores con la evolución. Y que se debe acelerar el debate sobre el ensanchamiento del terreno de juego y también del retraso de la línea de tiros triples.

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