Que sólo fuera un mal día

  • Mejora El Unicaja afronta un partido trascendente ante el Meridiano con el propósito de retomar la línea del último mes de competición, rota por la sorprendente y abultada derrota en San Sebastián

Es el momento de medir las heridas ocasionadas por la debacle donostiarra, las consecuencias de la súbita caída de la nube a la que se había subido el Unicaja después de cinco victorias consecutivas y una paliza de época al DKV Joventut. La caída fue dura, no sólo por el golpe moral sino también desde el punto de vista clasificatorio. La exigencia se eleva porque los equipos de la zona media alta no desfallecen y continúan ganando partidos. Y elevan el listón para tener plaza en el play off por el título, objetivo mínimo dado por supuesto cuando empieza una temporada del Unicaja pero que, vistas las vicisitudes que ha atravesado el equipo, casi se da por bueno. Tiempo habrá en verano de rectificar errores y buscar culpables. Ahora la batalla es estar, sí o sí, entre los ochos primeros.

En las declaraciones públicas de la plantilla y el cuerpo técnico tras la severa derrota en San Sebastián se ha entonado el mea culpa, se admitió que la actitud mental con la que se salió al campo no fue la correcta. La bofetada de un equipo humilde que buscaba amarrar la salvación debe haber despertado a un bloque que en el último mes ha demostrado que puede jugar muy bien al baloncesto y que sabe ganar en distintos escenarios y con patrones variados. Hay en este vestuario suficiente experiencia y sabiduría baloncestística para tomar ese traspié como un efecto motivador en el vestuario.

Mientras por las calles de Málaga desfilará La Pollinica, cofradía íntimamente ligada al baloncesto que, precisamente, da nombre al partido de presentación que cada temporada juega el Unicaja ante su público, el equipo malagueño jugará un importante partido. Desde el club se ha intentado transmitir durante toda la semana la trascendencia del duelo, se ha intentado atraer al público con diversas medidas y se pretende dar continuidad a la atmósfera positiva creada en los últimos tiempos, acelerada tras el cambio de entrenador y los buenos resultados en la ACB, donde se ha reconducido la situación sin que hasta el momento se haya enderezado del todo.

Enfrente hay un conjunto peligroso, adiestrado por un técnico, Txus Vidorreta, bien contemplado en las altas esferas en Los Guindos. Relevó a Óscar Quintana y levantó el vuelo, pero Menorca y Granada dan los últimos coletazos antes de negar la muerte en forma de descenso y el Meridiano es el equipo que más cerca está, el salvavidas al que agarrarse. Perdió la semana anterior en Valencia en el derbi regional. En los últimos días el alero Carlos Cazorla, de reencuentro con Jorge Garbajosa, al que le une una amistad de muchos años, ha arrastrado molestias en una muñeca y el pívot Martynas Andriuskevicius, en la espalda. Pero ambos estarán a disposición de Vidorreta. Como a las órdenes de Chus Mateo estarán McIntyre, Fitch y Freeland, que a lo largo de la semana se perdieron algunas sesiones pero que completaron las últimas. El único que tuvo un pequeño problema fue Berni Rodríguez, que no pudo completar la última sesión por una contractura en la espalda, que se espera que no le ocasione problemas para vestirse esta mañana.

Equipo experimentado el alicantino, con alguna nota de juventud como el francés Heurtel, que está causando buena sensación en la posición de base. Como Justin Doellman, máximo anotador de la plantilla. Con un Rancik que tradicionalmente causa bastantes dificultades al Unicaja en sus pasados equipos. En fin, con algunos viejos conocidos como Bojan Popovic o Iñaki de Miguel, ex cajistas que llegaron como temporeros a la plantilla por lesiones o bajo rendimiento.

En fin, buena mañana para acercarse al baloncesto y constatar que lo del sábado anterior en Illumbe sólo fue un mal día, no un retrato de carencias que parecían haberse tapado y cosido en el último mes. Hablan los jugadores delante de un Carpena que se espera concurrido.

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