Dos técnicos contra las cuerdas

  • Abel Resino y Valverde centran las miradas en el mal arranque de dos de los aspirantes a la zona de Champions, Atlético y Villarreal · Los madrileños sufren por su defensa; los levantinos, por su ataque

El Atlético de Madrid y el Villarreal son las dos grandes decepciones en el arranque de la Liga BBVA y por eso no sorprende que sus respectivos técnicos, Abel Resino y Ernesto Valverde, estén hoy contra las cuerdas y al borde del despido.

Apenas se llevan disputadas siete jornadas del campeonato español, pero es tiempo suficiente para que todos los periódicos españoles hablen de "crisis" en el Atlético de Madrid y el Villarreal, dos equipos que comenzaron la temporada cargados de aspiraciones y que ahora se ven en los puestos bajos de la clasificación.

En realidad, el Atlético de Madrid vive un incendio desde antes incluso de comenzar la temporada. Entonces, sus hinchas ya manifestaron su divorcio con la directiva, a la que critican en cada momento que tienen oportunidad. Ganar la previa de la Champions al flojo Panathinaikos sofocó el fuego, pero de forma momentánea.

Abel se reforzó con el pulso ganado a los helenos, que era clave para dar estabilidad al proyecto esta temporada. Pero con la Liga volvieron los vaivenes de los colchoneros y la cuerda se acaba rompiendo por el lado más débil, el que ocupa el entrenador. El futuro del ex portero rojiblanco parece depender de lo que el equipo haga mañana ante el poderoso Chelsea. Una derrota le dejaría prácticamente sin opciones en la Liga de Campeones.

El Atlético de Madrid cayó el domingo por 3-0 ante el modesto Osasuna, que lo borró del campo en una primera parte en la que el conjunto rojiblanco exhibió todas sus carencias actuales: falta de jugadores para ocupar todos los puestos, despistes defensivos y carencia de remate.

17 goles en 7 partidos

El conjunto rojiblanco es decimoquinto en la Liga española, a un solo punto de los puestos de descenso. Además, es el equipo con más goles encajados después de recibir 17 tantos, con una media casi escandalosa (2,4 tantos por partido) para un equipo de su presupuesto. El bético Juanito no ha zanjado las dudas que ya se abrieron la pasada campaña con la irregularidad de Ujfalusi, el estancamiento de Pablo Ibáñez y la ausencia de laterales fiables.

El futuro es incierto y Abel se jugará su puesto en cuatro días, pues después de jugar en el campo del Chelsea recibe al Mallorca, quinto clasificado y una de las revelaciones en este inicio de temporada.

"No podemos estar cambiando de técnico ahora. Esto no ha hecho más que empezar. Confío en los jugadores", afirmó Lázaro Albarracín, vicepresidente del club, tras la derrota ante Osasuna. Pero nadie apuesta por Resino si no endereza inmediatamente el rumbo de la nave rojiblanca.

La situación del Villarreal no es mejor. Es el sorprendente colista de la Liga después de sumar tres puntos y el único equipo de Primera que todavía no ha ganado un partido. Así, el conjunto amarillo acumula siete partidos sin ganar y es su peor racha en una década. Precisamente, en 1999 firmó una racha similar y descendió a Segunda.

Valverde ocupó el puesto que dejó vacante Manuel Pellegrini, quien ahora entrena al Real Madrid, y todavía no ha conseguido hacer olvidar al chileno.

Pero la directiva del Villarreal no es amante de las soluciones drásticas y mantiene a Valverde en su puesto, a la espera de que mejoren los resultados. Los próximos partidos, ante Málaga y Tenerife en casa, parecen asequibles, pero cualquier tropiezo podría dejar a Valverde sin trabajo. "Pase lo que pase, estaremos muy agradecidos a Valverde", dijo el internacional Capdevila tras la derrota por 2-1 ante el Xerez. Fueron palabras que sonaron lúgubres.

Los amarillos, que transmitieron muy buenas sensaciones en pretemporada, sobre todo con una goleada a la Juventus en Italia (1-4), no carburan en ataque (5 goles en siete partidos), donde ni Rossi ni Llorente están al nivel que mostraron de la campaña pasada, ni Nilmar, el fichaje más caro en la historia del club, se ha integrado. Además Pires, pieza básica del engranaje del juego junto a Cazorla, parece que no sobrelleva bien su ocaso, y sus insultos al árbitro del partido ante el Xerez del pasado domingo le pueden acarrear varios partidos de suspensión.

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