Crisis y nacionalismo económico

  • En épocas de dificultad los estados tienden a proteger la producción doméstica y el momento actual no es una excepción · Existe el riesgo de que el comercio exterior se colapse, como sucedió en la Gran Depresión

Alo largo de la historia, los países han firmado tratados comerciales y liberalizado su comercio exterior, cuando han disfrutado de una situación de expansión económica. En épocas de crisis, han protegido la producción doméstica. Los momentos que vivimos no son una excepción. Ante la gravedad de la crisis, gobiernos de todo el mundo están activando medidas de protección de los sectores económicos locales, convencidos de que es una vía para remediar la crisis. Las medidas de protección tienen diversa naturaleza pero, en todos los casos, favorecen la producción nacional frente a la extranjera.

El más antiguo de los mecanismos de protección es el arancel a la importación. Rusia ha elevado los aranceles de decenas de productos, desde automóviles a cosechadoras. Brasil y Argentina han propuesto a Mercosur la elevación de la protección a decenas de productos sensibles.

En otros casos, la protección ha adoptado la forma de ayudas directas a las empresas. Francia ha asegurado ayudas a sus dos fabricantes nacionales por importe de 6.000 millones de euros. Estados Unidos y España han garantizado avales y préstamos a varios fabricantes de coches. El caso de Italia es más sutil. Un plan de renovación de coches viejos por otros nuevos, que si se lee detenidamente, favorece directamente a Fiat.

Dando una vuelta de tuerca, el plan de impulso económico presentado por Obama en las Cámaras legislativas introducía, en su primera versión, un claro favoritismo a las empresas domésticas para que se vieran beneficiadas del plan de infraestructuras. La justificación en este caso, era que ni China ni India tienen firmados acuerdos internacionales para garantizar la competencia en el suministro de bienes y servicios al sector público. En ambos países, sólo las empresas nacionales pueden hacerlo.

En España, como en otros países, algunos políticos han apelado también al consumo de productos nacionales para generar empleo en el interior, algo que, por cierto, las comunidades autónomas donde gobiernan nacionalistas, llevan a cabo de manera continuada.

Estas medidas han provocado la reacción aireada de algunos gobiernos. La UE ha advertido a EEUU que si se aprobaran habría medidas compensatorias. El gobierno checo, en cuyo territorio se han instalado varias multinacionales del automóvil, ha protestado ante Francia por las ayudas de este gobierno a sus empresas. Incluso ha convocado una reunión extraordinaria -aprovechando la presidencia rotatoria de la UE- para tratar el tema de las ayudas a las empresas. Igualmente ha hecho el gobierno sueco.

Sarkozy, cuyo egocentrismo sin límites está dañando gravemente la cohesión europea, ha sugerido la vuelta a Francia de algunas de las plantas que Renault y Peugeot tienen en otros países, como si las empresas fueran suyas.

La tentación a corto plazo de adoptar medidas proteccionistas es difícil de resistir. Frente al embate de la crisis, levantemos aranceles y concedamos subvenciones directas a las empresas para que puedan sobrevivir.

Los gobernantes responsables deberían aprender algunas lecciones de la historia. Durante la Gran Depresión, ante la desesperada situación en EEUU, el gobierno impuso una subida generalizada de las tarifas aduaneras a la mayor parte de los productos de importación. La reacción no se hizo esperar. La elevación de las tarifas a los productos norteamericanos por parte de los gobiernos europeos, provocó una escalada tal que paralizó el comercio internacional.

La recesión se hizo más profunda, el comercio exterior se colapsó y la desconfianza se extendió a nivel internacional. Lo que se había tardado décadas en construir, se destruyó en sólo unos meses.

En estos momentos, corremos el mismo riesgo. A las declaraciones de algunos responsables políticos, han seguido acciones de organizaciones e instituciones defendiendo su espacio nacional. En el Reino Unido, los sindicatos se han levantado en armas contra la contratación de trabajadores portugueses en una refinería petrolera. En Italia, las medidas adoptadas por el Banco de Italia para garantizar préstamos a los bancos, han provocado reacciones de analistas y políticos porque van destinadas únicamente a sus bancos. En fin, Irlanda ya dio un buen ejemplo al inicio de la crisis de cómo favorecer exclusivamente a los depositantes de bancos nacionales frente a los extranjeros.

La visibilidad y los beneficios inmediatos de las medidas proteccionistas, son mucho mayores que los de la especialización y el comercio. Pero un colapso de los intercambios internacionales, provocaría una terrible espiral de empobrecimiento, anulando las ganancias de escala y de crecimiento de la productividad. Corremos el riesgo de romper las normas que han hecho posible la prosperidad desde el fin de la última guerra mundial, incluyendo las del mercado interno de la UE, que tantos beneficios está reportando a todos.

Este es un momento para la responsabilidad política. Los gobiernos deben acordar, urgentemente, unas reglas de juego comunes para evitar que el marco institucional vigente salte por los aires.

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