Ganado contra el fuego

  • Medio Ambiente desarrolla un plan para prevenir incendios gracias al cual el pastor recibe una remuneración por mantener a raya la vegetación de los cortafuegos

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"A mí me educaron para sospechar de los ganaderos". La frase de José Luis González, investigador del CSIC, refleja un pensamiento muy extendido hace no muchos años: la ganadería estaba esquilmando el monte mediterráneo y era un peligro para este hábitat milenario.

Hoy se tiende a pensar justo lo contrario. El pastor puede ser un gran aliado contra el fuego, tal y como intenta demostrar el proyecto Rapca (Red de Áreas Pasto - Cortafuegos de Andalucía), cuyo desarrollo fue presentado esta semana en la finca La Algaba (Ronda) en una jornada organizada por COAG. Su filosofía es muy sencilla: "Se trata de mantener las infraestructuras de cortafuegos mediante el pastoreo controlado", afirma Rogelio Jiménez, técnico de Egmasa, empresa pública dependiente de la Consejería de Medio Ambiente, que es la patrocinadora del proyecto.

El proceso consiste en habilitar una zona de cortafuegos en la ladera de un monte y pagar una cantidad al pastor para que lleve allí al ganado a diario, sobre todo en verano. El pastoreo propicia que el emplazamiento delimitado se mantenga a raya, sin posibilidad de que crezca la vegetación.

Visto así, parece fácil, pero no lo es tanto. Los técnicos de Medio Ambiente plantean unos objetivos máximos, que el ganadero debe superar al menos en un 50% para obtener la gratificación. Cada 15 ó 20 días un gestor forestal se desplaza al cortafuegos para comprobar que se está realizando el servicio. También se trata, con esta visita, de generar una complicidad entre técnicos y pastores, para romper esa imagen de falta de entendimiento entre ambas actividades.

"Lo que nosotros contratamos es un servicio, no una subvención", proclama Rogelio Jiménez. Con el pago para que el ganado paste en el cortafuegos (no en el resto del monte) "se reconoce su función social y devolvemos al pastor el orgullo de ser pastor", añade.

La remuneración suele variar y depende de la superficie, la vegetación, el terreno, la distancia que tiene que recorrer el ganado y el grado de cumplimiento del programa. En una escala, el máximo serían 90 euros por hectárea al año y el mínimo 42 euros por hectárea. El proyecto Rapca abarca ya 227 infraestructuras contra incendios en Andalucía (2.346 hectáreas), distribuidas en 59 zonas (la mayoría en Málaga, Granada y Jaén) de las cuales 57 consiguieron los objetivos en 2009. El grado de cumplimiento fue del 75%. Los pastores adscritos al plan son en total 69, propietarios de unas 32.000 cabezas de ganado, casi en su totalidad ovino y caprino.

José Luis González, el científico del CSIC, defiende la supervivencia de la ganadería extensiva, no sólo por prevenir incendios, sino por su propia naturaleza. "No es cuestión de ganado sí o ganado no, sino de ganado cuánto y cómo", dice. González ha demostrado que en muchos casos el ganado disemina los excrementos de las especies que ha ingerido y eso hace aumentar la flora. En número adecuado y bien manejado, es una actividad muy beneficiosa para el medio.

Antonio Rodríguez, responsable de Ovino y Caprino de COAG Andalucía, pone el contrapunto. El medio ambiente está muy bien "pero la ganadería existe para dar alimento a las personas, hay que ligarla al consumo". Y, con los precios en origen que hay, va a ser muy difícil, dice Rodríguez, que aquellos pastores que se exiliaron a la construcción en los años de bonanza vuelvan. Por mucho prestigio ambiental que tenga la actividad.

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