Remedios sencillos (y exitosos) contra la 'seca' de la encina

  • Un ganadero de la dehesa onubense idea una red de nidos antidepredadores y antilluvia que elimina las temidas plagas al revitalizarse la población de insectívoros

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El sector del porcino ibérico está de capa caída, no sólo por la crisis, sino también por la pérdida de biodiversidad de la dehesa, el medio natural donde crece el cerdo de bellota. El efecto más visible es la llamada seca de la encina, nombre popular con el que se conoce la enfermedad de este árbol por el efecto de las plagas. En Andalucía la seca afecta a 1.500.000 ejemplares, con especial incidencia en Huelva. En esta provincia la afección abarca 216.000 hectáreas de las 240.000 que tiene de dehesa.

Francisco Volante es ganadero. Adquirió hace veinte años una finca de doce hectáreas en el término del Cerro del Andévalo, e impulsó una explotación de cerdos ibéricos y gallinas. Se propuso, como objetivo, revertir la situación en la que había quedado la zona. "Recuerdo el ruido, la bulla que había en el campo cuando yo tenía doce o trece años; eso está siendo sustituido por el silencio: hay mucho silencio", afirma.

La causa es la pérdida del equilibrio. Los depredadores -ratas, rabilargos, urracas- han ido mermando la población de murciélagos y aves insectívoras, y esto ha hecho que la oruga defoliadora, la cochinilla de la hoja o las rabiceras (hormigas grandes) hayan podido campar a sus anchas en los árboles.

Es ahí donde interviene la acción del hombre. Volante no tiene una licenciatura universitaria -sólo hizo un año de Ingeniería y lo dejó por la situación familiar-, pero sí la sabiduría que da la vida en el campo. Y en ella se ha basado para idear una red de nidos para especies como el herrerillo común, el herrerillo capuchino, el carbonero común, el trepador azul o la curruquita. El proyecto fue presentado esta semana en la Jornada Ganadera y de la Dehesa, organizada por Asaja en Cazalla de la Sierra. La dificultad estriba en cómo proteger el nido de la amenaza de los depredadores. Este ganadero del Andévalo lleva años ensayando y ha dado con un modelo que, al menos en su experiencia, está funcionando. "He traído a representantes del Foro Encinal aquí y me han dicho que esto es un oasis en medio del desierto". Los nidos son cilíndricos, de entre 25 y 30 centímetros. En la abertura tienen una raspadura suficiente como para que las aves insectívoras puedan posarse, pero muy pequeña para las depredadoras. Por arriba, una tapadera protege contra la acción de las ratas y también de la lluvia. Y por debajo un sistema de cilindros evita que los roedores puedan llegar hasta el interior del nido. Hay otro riesgo: que las hormigas de la encina son animales carnívoros y, por tanto, un peligro para polluelos recién nacidos. Para eso también hay solución: un cartucho de repelente con azufre.

"Los problemas difíciles no necesitan soluciones difíciles", recuerda Volante. El inventor de este sistema cree que los planes públicos contra la seca no han dado resultado alguno. En los últimos años se han colocado 30.000 nidos, con un coste de 200.000 euros. "No estaban ni siquiera protegidos contra la lluvia; hace unos años llovió y muchos de estos nidos cayeron, con huevos y polluelos incluidos".

Con la ayuda del Foro Encinal, Volante inicia un nuevo reto: exportar su modelo y poner su granito de arena para salvar la dehesa.

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