La agonía del algodón

  • El sector ha pasado de una producción de 350.000 toneladas a sólo 50.000 · La UPA denuncia que la Junta ha fijado unos rendimientos mínimos imposibles de cumplir

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El sector del algodón siempre había sido muy pujante en Andalucía. Hace cinco años, la superficie -extendida a lo largo de la Vega del Guadalquivir- era de unas 90.000 hectáreas, con una producción que llegó a rondar las 350.000 toneladas. El algodón andaluz ha sido y aún es el más importante de España -aquí se concentra la casi totalidad de su cultivo- y de Europa.

Sin embargo, la producción europea es insignificante en el mundo: sólo el 1,5%. En 2003, la OCM decidió acabar con el sistema de ayudas europeas al algodón por considerar que fomentaba la competencia desleal con países en desarrollo. La UE corregía mediante compensaciones la volatilidad del precio internacional del producto, y eso hacía que se fomentara la siembra y el rendimiento. A mayor producción, mayor rentabilidad.

Esto cambió a partir de 2004. Europa impuso el pago único -la ayuda por superficie vinculada a unos derechos históricos-, con una parte todavía acoplada, pero no vinculada tanto a la producción como al mantenimiento del cultivo. En la práctica, esta evolución ha supuesto una herida de muerte para el sector. Los altos costes hacen que, aun con ayudas sustanciosas, no compense estar en un mercado con bajos precios. Según se afirma desde Asaja, sólo el combate contra las plagas puede costar 300 euros por hectárea. La necesidad de agua en el algodón, además, suele ser mayor que en otros cultivos.

Consecuencia: en 2008 la superficie se quedó en 52.531 hectáreas y 50.000 toneladas producidas. Agustín Rodríguez, de UPA, afirma que la dimensión del sector se ha reducido en dos tercios. De más de 7.000 algodoneros en 2004 se ha pasado a unos 3.900, según Rodríguez. De las 28 desmotadoras que había -plantas donde se procesa el producto- sólo quedan ocho, y la Junta prevé, a través de su programa de reestructuración dotado con 48 millones, que queden solamente cuatro.

Los agricultores denuncian que, en este contexto tan difícil, Gobierno y Junta no sólo no ayudan, sino que ponen piedras en el camino. La Consejería de Agricultura acaba de fijar en 1.600 kilos por hectárea para el cultivo de regadío y 500 para el de secano el rendimiento mínimo necesario para tener ayudas. La campaña pasada la producción media fue de 1.100 kilos en el caso del regadío. UPA ya ha puesto el grito en el cielo: cree que las condiciones son imposibles de cumplir y anuncia movilizaciones si no se rectifica. La medida está en fase de borrador. La consejera, Clara Aguilera, se ha mostrado abierta a cualquier modificación. El caso es que parece que Agricultura quiere mantener a raya una producción en franco descenso con unos mínimos estipulados, sin tener en cuenta, según la UPA, que la reducción de fitosanitarios ha dañado los rendimientos. Los productos que servían para tratar las plagas, sobre todo, la causada por la heliothis, ya no se pueden usar. Tanto UPA como Asaja reclaman una apuesta clara por el algodón transgénico, con menos costes por su resistencia a las enfermedades. En el grupo de trabajo creado por Griñán ya se contempla esta posibilidad, con un punto que propone "estudiar e investigar y aplicar en su caso la biotecnología, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 199 del Estatuto de Autonomía".

Y el Gobierno central tampoco contribuye. Acaba de abrir la puerta a que 28 pueblos de la Vega de Segura (Alicante) cultiven algodón, sin que allí haya existido nunca ninguna tradición. Según Asaja, esto supone un trato discriminatorio: a los productores andaluces se les exige un historial con el algodón, un pasado, para tener ayuda por superficie. A los alicantinos, sin embargo, no se les pedirá nada de esto. Y hay una ficha financiera, con unas ayudas fijadas sobre una superficie básica de 48.000 euros. Si se supera esa cifra, habrá menos subvención por productor.

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