Una agroindustria enfocada al consumidor más exigente

  • Andalucía está a la cabeza en sistemas de producción y controles pero aún tiene camino por recorrer en comercialización y orientación al cliente.

La apuesta por la calidad para llegar a los consumidores más exigentes; el conocimiento profundo de los mercados y la capacidad para adaptarse a su evolución; la necesidad de potenciar la comercialización con la marca España como bandera y una internacionalización que vaya más allá de la Unión Europea fueron algunos de los temas tratados ayer en desayuno informativo Retos de la Agroalimentación del futuro, organizado por Grupo Joly y patrocinado por AGQ Labs.

En encuentro, que contó con la participación de destacados representantes empresariales, profundizó en las claves para que Andalucía se suba al carro de las tendencias del futuro en este sector, partiendo de una base clara: la región está en el grupo de cabeza en algunos aspectos. "Europa y el mundo ven la agricultura andaluza -y por extensión, española- como un sistema de producción, verificación y catalogación del producto de altísimo nivel", señala Juan Carlos Rituerto, director de Frutaria Sur, que cree que en aspectos como el rigor técnico, la capacitación del personal, el buen uso de fitosanitarios y el respeto medioambiental Andalucía está "muy adelantada".

José Gandía, histórico de la agricultura andaluza y presidente de SAT Royal, corrobora la idea de Rituerto: "Andalucía tiene una cosa a su favor, las tierras tienen mucha dimensión. A aquel mundo frágil, dependiente de la adversidad y el tiempo, se le pudieron aplicar sistemas empresariales, cartesianos, gracias a que algunos empezamos a viajar a Estados Unidos, Israel, etc. Éramos una minoría, pero fuimos haciendo escuela. Ahora lo estamos haciendo bastante bien, estamos en la Champions League gracias a nuestra dimensión", aunque también hay ejemplos, confiesa Gandía, de sectores de pequeñas explotaciones a la vanguardia, como el de la fresa.

Sin embargo, a pesar de su buena posición, a Andalucía aún le quedan muchos pasos que andar. Por ejemplo, en la comercialización. Todos los participantes coinciden, en primer lugar, en que la promoción exterior de las regiones perjudica al conjunto y debilita la marca España. Rituerto afirma que en el exterior "da igual su la procedencia es de una región u otra". "Es una discriminación que forzamos nosotros, el mercado no la pide". Y Salvador Loring, director de Relaciones Institucionales de Ebro Foods, ejemplifica: "Eso pasa incluso siendo más homogéneos que Italia, donde hay una gran diferencia entre el norte y el sur. Debemos tener mucho cuidado con las chapuzas, ya que, a diferencia de los italianos, no tenemos cultura suficiente para dominar este tipo de cosas". "Italia es menos rigurosa que nosotros, pero lo parece", añade Pedro Torres, director de Marketing e Internacional de AGQ Labs, quien recuerda que Chile es una referencia, con una oficina permanente en Londres "haciendo lobby".

La clave del éxito es orientarse al consumidor más exigente, porque eso es lo que posibilitará la innovación técnica y la sostenibilidad de la explotación. "El paladar de cada cultura está evolucionando a un ritmo mucho mayor del que creemos -señala José Gandía-; el impacto de la moda gourmet o Master Chef  es importatísimo. Cuando hablas de calidad no es puramente calidad, lo que busca el consumidor es diferenciación. Debemos dirigirnos a amas de casa que digan: esto es más caro, pero merece la pena".

En este sentido, y como recuerda Rituerto, la forma de la fruta -el hecho de que sea agradable a la vista- es aún una asignatura pendiente para España. "En Suecia, por ejemplo, el consumidor cree que tiene que estar perfecta porque paga cinco euros por pieza y si no lo está nos bajan los compradores nos bajan los precios".

El presidente de AGQ Labs, Estanislao Martínez, resume esa aspiración a la que puede y debe tener el agricultor andaluz, con gran parte ya del camino andado: "Debe buscar la calidad máxima, los controles deben tender a eso, y en el campo los nuevos tiempos nos obligan a un componente más ecológico, al uso eficiente de fertilizantes y agua. Y, más allá del rigor,  tenemos que estar muy pendientes del mercado, estar en la cabeza del consumidor más exigente y anticipar lo que va viniendo". "Hay un consumidor que sí está dispuesto a pagar y hay que estar ahí. Hablamos de calidad global, en todos los aspectos", añade Miguel Valero, director corporativo de Agroalimentación de AGQ Labs.

El futuro está, cada vez más, en adaptar el sistema de producción y los costes a las especificidades de cada cliente. "En nuestra fábrica de Italia -afirma Loring- tenemos una máquina de rayos X porque nos lo exigen los alemanes; y hay que contar también con la intercomunicación de culturas". Rituerto recuerda que los productores hortofrutícolas tienen que adaptarse a una enorme variedad de formatos, y Valero se refiere al valor diferencial de la calidad funcional de los alimentos. Gandía cree que consumir es cada vez más un acto de comunicación que nutricional. "Se compra vida, experiencia, no sólo un sabor, y esto va a ser cada vez más importante", afirma, y añade: "España y las empresas tienen que estar armados para ir dentro de esa corriente. Intentemos  aprovechar este viaje, y para ello la dimensión es irreversible".

La dimensión es "importante y conveniente" para salir al exterior, añade Estanislao Martínez, y Juan Carlos Rituerto habla de la necesidad de organizar consorcios de empresas hortofrutícolas para la exportación y también para la importación. En eso están todos de acuerdo, pero no tanto si se plantea la posibilidad de internacionalizar las producciones. "Eso da seguridad y flexibilidad -afirma Pedro Torres- pero no ves muchas empresas españolas fuera; no llegan al final de la cadena (con producción propia todo el año) y así están al socaire de la gran distribución". Pero Estanislao Martínez reconoce que deslocalizar un producto requiere de "una gran inversión" y supone un "gran riesgo", porque es necesario conocer muy bien el mercado y controlar la producción. "Si vas debes ir bien alpargatado, si no ni vayas", corrobora Miguel Valero.

Más allá de eso es imprescindible no quedarse sólo en la UE a la hora de exportar. Éste es un mercado ya maduro y el resto del mundo hay margen para crecer. En el caso de los productos frescos, Andalucía tiene un hándicap. Sus producciones están muy enfocadas a mercados cercanos y necesita mejorar la poscosecha, según señalan Martínez y Rituerto.

También se abordó la vinculación de la Universidad con la innovación agroalimentaria de las empresas y se concluyó que apenas existe y que en cualquier caso está muy vinculada al aceite de oliva. Estanislao Martínez reivindica más implicación: "Invertimos mucho en formación para captar, desarrollar y especializar al talento. Por eso tenemos interés en que la Universidad esté vinculada con nosotros y de hecho tenemos diferentes acuerdos en todo el mundo. Echamos de menos que los alumnos estén mejor formados, más especializados y con más mentalidad global".

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