Una aspirina para sobrevivir

  • El sector del aceite de oliva en pleno reclama que la UE financie la retirada de aceite para subir precios y aliviar la campaña · Bruselas se resiste: dice que no es una solución y que sólo tiene el efecto de un medicamento

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Túnez, quinto productor de aceite de oliva del mundo, tiene asignado un contingente de algo más de 50.000 toneladas para exportar a la UE con aranceles reducidos. Pues bien, no lo agota. Y no lo hace, entre otras cosas, porque los precios a los que vende España son bajísimos y no compensa. Según el Poolred, el sistema de información de precios en origen, la venta se sitúa esta semana, de media, en 1,882 euros por kilo. Una cifra difícil de asumir para los olivareros si se tiene en cuenta que los costes medios de producción, según un estudio del Ministerio de Medio Ambiente, están fijados en 2,49 euros.

Las causas de esta espiral bajista en los precios son muchas, pero en esencia se apunta a la escasa vertebración del sector. 1.700 almazaras venden a 10 grandes industrias y éstas a su vez a cinco cadenas de distribución. Mientras se articula la concentración de la oferta, una solución, en todo caso, a medio plazo, el sector se desangra. Y sólo ve una salida en el corto plazo, coyuntural, que, como señala Rafael Sánchez de Puerta, gerente Faeca, la federación de cooperativas. "será al menos un balón de oxigeno para aliviar la campaña; para el futuro, no es la solución".

Ese balón de oxígeno se llama almacenamiento privado, un mecanismo previsto en la Organización Común de Mercados (OCM) con el que la Unión Europea financia la retirada de aceite si los precios sobrepasan un límite (a la baja) o hay una grave perturbación en el mercado. Si nos atenemos al primer requisito, no hay discusión: los precios están por encima del tope, 1,779 euros por kilo para el virgen extra, 1,710 para el virgen y 1,524 para el lampante. El Ministerio, y todo el sector, se escuda en la perturbación del mercado. "La situación es más delicada que en 2009 [fecha en la que se activó el último almacenamiento], ya que son ya dos campañas en las que se pierde dinero; es realmente muy complicada", afirma Rafael Civantos, responsable del sector en COAG.

La ministra, Rosa Aguilar, ha hecho de la activación del mecanismo una bandera política. Y su éxito, de momento, es sólo parcial. El Consejo de Ministros del ramo de la UE apoyó explícitamente la medida, con el respaldo de cinco países y ninguna objeción. Pero el comisario de Agricultura, Dacian Ciolos, se resiste. Argumenta que no existe perturbación alguna en el mercado, y que lo que hay es exceso de oferta por un buen año en la producción y el problema estructural de la debilidad negociadora del productor. Su efecto, afirma, sería como el de una aspirina en un enfermo grave. Escaso.

Desde el sector responde José María Penco, de la Asociación de Municipios del Olivo: "Si a un paciente al que se debe operar le da un dolor de cabeza, ¿se le da o no la aspirina?" "No es sostenible que se pierdan setenta céntimos por kilo vendido", añade José Vázquez, de Asaja-Sevilla. Y se remite al último precedente de otro sector: "El almacenamiento del porcino se aprobó en cinco minutos".

Fuentes de la Comisión Europea avisan de que el almacenamiento puede ser "pan para hoy y hambre para mañana". "¿Almacenar hoy para poner en el mercado cuando?, ¿Al principio de la nueva cosecha, que también va a ser buena? ¿O a finales de esta? En ese caso habremos pagado el almacenamiento de aceite que de todas maneras ya se habría almacenado" [por el presumible exceso de producción].

El sector cree, sin embargo, que el mayor efecto del almacenamiento no tiene tanto que ver con su aplicación como con la psicología. El del aceite es un mercado muy sensible a cualquier noticia. Los compradores suelen adquirir justo el producto necesario para envasar, pero el simple anuncio del almacenamiento hace que obtengan más, por si acaso. En 2009, a la hora de la verdad, sólo se retiraron 32.000 toneladas, y eso es sólo un tercio de la demanda de un mes. De hecho, el precio ese año se disparó a finales de mayo, lo cual coincide con la fecha del anuncio [ver gráfico] y escaló unos meses hasta los 2,43 euros por kilo. El efecto, sin embargo, se aminoró bastante al comenzar la campaña, en octubre, a pesar de que el almacenamiento se prolongó hasta finales de enero.

A la subida de precios de aquel año también contribuyó el hecho de que el stock de enlace entre campañas fuera menor que la media de los últimos años (285.000 toneladas). De hecho, fue el lampante, que no se incluyó en el almacenamiento, el que más subió, hasta el punto de que en algunos días estuvo por encima del virgen extra. Ahora, sin embargo, el punto de partida es de 420.000, con unas existencias récord a fecha de marzo: 1.197.000 toneladas. Es cierto que la demanda sigue creciendo, y equilibra en cierto modo la mayor producción, pero ya hay voces, como la de Teodosio Sánchez, de Aceites La Laguna (Jaén), que advierte que para que el almacenamiento tenga un efecto más allá del psicológico habría que inmovilizar 200.000 toneladas, "que se sumarán a la producción de la próxima campaña, con nuevamente magníficas perspectivas". Otros, como José Vázquez, de Asaja, creen que bastará con 50.000 toneladas, que es la cantidad que se baraja. En cualquier caso, va a hacer falta unión, algo a lo que los olivareros no son muy propensos. De hecho, cuando se activa se produce una paradoja: muchos deciden no almacenar y aprovechar el efecto subida para vender más. No sólo en las protestas va a ser necesaria la solidaridad. También una vez activado el almacenamiento. Para que, durante un tiempo, los precios sean mejores que los de Túnez.

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