La crisis inmobiliaria se agrava en EEUU mientras Bush pide paciencia

  • La construcción cayó en septiembre hasta su menor nivel desde la recesión de 1991. El presidente norteamericano asegura que sus medidas "tardarán un tiempo en tener su impacto completo".

La crisis inmobiliaria en EEUU, origen de los problemas financieros del país y de todo el mundo, está aún lejos de terminar, ya que la construcción en septiembre cayó hasta su menor nivel desde la recesión de 1991, pero el presidente George W. Bush sostiene que el plan de rescate funcionará en un tiempo.

El sector de la vivienda, cuyos precios alcanzaron su tope en julio de 2006, sigue horadando los balances de los bancos y la caída del ritmo de las obras el mes pasado apunta a una ralentización aún más profunda de la economía.

Los datos llegaron el mismo día en que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pidió paciencia a sus conciudadanos y a los mercados para dejar que entre en marcha su plan de rescate de 700.000 millones de dólares, que dijo que es "suficientemente grande y audaz" para funcionar. "Estas acciones tardarán un tiempo en tener su impacto completo", dijo Bush. "Los mercados de crédito tardaron un tiempo en helarse y va a pasar algún tiempo para que se descongelen".

En un discurso de 20 minutos, en lugar de sus declaraciones breves casi diarias sobre la economía, el presidente calificó el programa de rescate como "el último recurso". "Si el Gobierno no hubiera actuado, el agujero en nuestro sistema financiero habría crecido aún más", se justificó Bush, quien quiso apaciguar a los devotos a ultranza del capitalismo en la derecha política, para los que ese tipo de intervención pública es herética. "Como un gran creyente en el libre mercado, yo me opondría a estas medidas en circunstancias normales, pero éstas no son circunstancias normales", señaló.

El presidente habló antes de la apertura de la bolsa en Nueva York frente a una audiencia favorable, la Cámara de Comercio, que es la mayor asociación empresarial de Estados Unidos.

Aun así, los mercados iniciaron la sesión a la baja porque los inversores se fijaron más en el informe negativo sobre el sector de la vivienda, que apunta a que los propietarios aún no han llegado al final de su via crucis.

El departamento de Comercio informó de que la construcción cayó un 6,3 por ciento en septiembre, hasta su segundo menor nivel en medio siglo. Al mismo tiempo, las solicitudes de permisos de obra, un indicador de la actividad futura en el sector, se derrumbaron un 8,3 por ciento. Para la economía estadounidense los datos apuntan a más anemia a corto plazo, aunque eventualmente el menor ritmo de construcción ayudará a reducir el gran inventario de casas a la venta.

Mientras, en los mercados de crédito la mejora que citó Bush es real pero leve. La tasa Libor en dólares a tres meses, de referencia en Estados Unidos, ha caído algunas décimas esta semana, hasta el 4,4 por ciento.

Aun así, la cifra sigue muy por encima del 1,5 por ciento oficial de la Reserva Federal, lo que refleja la reticencia de los bancos a prestarse unos a otros y se traduce en préstamos caros para empresas y ciudadanos en Estados Unidos y Europa.

Los gobiernos pretenden resucitar el mercado interbancario con garantías de crédito y la compra de acciones de la banca, que les asegura una base de capital con la que recalcar su solvencia ante los socios comerciales.

En Estados Unidos la intervención masiva del Gobierno en la economía es más difícil de digerir que en Europa y Bush intentó convencer a los escépticos de que es imprescindible. El presidente dijo que la compra de acciones de los bancos no es "un paso hacia su nacionalización" y recalcó que el Departamento del Tesoro no entrará en sus consejos directivos. "La intervención del Gobierno no es una toma de control, no pretende debilitar el libre mercado, sino fortalecerlo", afirmó. El presidente también señaló que en estos momentos de crisis Estados Unidos debe "evitar la falsa tentación del aislamiento económico".

En ese sentido, urgió una vez más al Congreso a aprobar "este año" los tratados de libre comercio alcanzados con Colombia, Panamá y Corea del Sur. En la Legislatura, los líderes demócratas han propuesto otro programa de estímulo fiscal para agilizar la actividad económica, pero nadie habla de libre comercio.

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