La pieza clave de la supervivencia del euro

  • La independencia y el temple del presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, han sido determinantes para evitar que la crisis financiera se llevara por delante el sueño de la moneda única

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Armonizar una política monetaria común con diecisiete sistemas fiscales de países tan dispares como Finlandia, Alemania, Grecia o España constituye un desafío cuando la economía navega por aguas tranquilas con el viento de la bonanza soplando por la popa. Este esfuerzo se convierte en una labor titánica cuando aparece una tormenta perfecta como la que surgió a partir del verano de 2007. La perturbación que empezó como una crisis de liquidez financiera causada por los desmanes inmobiliarios a ambas orillas del Atlántico derivó en un huracán en los mercados de deuda pública que ha puesto contra las cuerdas a los países más débiles y endeudados de esa unión imperfecta llamada Eurozona. El temple del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, ha sido clave para que la moneda única no se haya ido a pique, llevándose consigo el sueño de la construcción de una Europa unida que trascienda las rivalidades franco-alemanas que tantos muertos provocaron en el siglo pasado. A la espera de una profunda reforma de la Comisión Europea, el BCE constituye por ahora la mejor expresión, si no la única, de un gobierno verdaderamente paneuropeo que adopta decisiones vinculantes para todos los estados bajo su jurisdicción ajeno a sus presiones. Su única directriz es el férreo control de la inflación, fruto de las pesadillas de Alemania con la hiperinflación del periodo de entreguerras. La política monetaria dentro de una Eurozona con tantos desajustes de productividad y crecimiento se asemeja en cierto modo a la definición del juego de las siete y media esbozada por el genial dramaturgo gaditano Pedro Muñoz Seca. "Y el no llegar da dolor,/pues indica que mal tasas/y eres del otro deudor./ Mas ¡ay de ti si te pasas!/¡Si te pasas es peor!".

Es poco probable que Trichet se familiarizara con las vicisitudes de Don Mendo en su Lyon natal, donde nació hace 68 años. A diferencia de muchos de sus colegas, su trayectoria profesional se inició lejos del mundo de las finanzas. En 1964 se graduó en Nancy como ingeniero civil de minas, estudios que complementó en París con las licenciaturas de Económicas y Políticas. Ejerció durante dos años la ingeniería de minas en el sector privado antes de ingresar en la prestigiosa Escuela Nacional de Administración, donde se forman los altos cargos del Estado francés. Desde entonces, no ha abandonado el servicio público.

La designación de Trichet como sucesor del holandés Wim Duisenberg, el primer presidente del BCE, fue otro ejemplo del complejo juego de equilibrios entre París y Berlín sobre el que orbita la construcción europea. Partió de un acuerdo secreto entre Jacques Chirac y Helmut Kohl. A cambio de que el sustituto fuera francés, Alemania logró que Fráncfort acogiera el BCE. Pero el pasado de Trichet, entonces gobernador del Banco de Francia, estuvo a punto de dar al traste con el pacto. El relevo debió esperar a 2003 hasta que los tribunales le absolvieran de su responsabilidad como titular del Tesoro al no detectar la falsificación de las cuentas del Credit Lyonnais en 1992.

Una de las obsesiones de Trichet ha sido la superación de las reticencias identitarias. "I am not a frenchman", confesó en inglés en su presentación ante el Parlamento Europeo, lo que le valió la repulsa generalizada de sus compatriotas por no haber usado la lengua de Molière. Su otra pulsión es la independencia del BCE, por encima del acierto o no de sus decisiones. El presidente del Eurogrupo, Jean- Claude Juncker puede dar fe. Juncker remitió a Trichet una carta reclamando más influencia de los gobiernos en las decisiones del BCE, y fue apodado Mr. Euro por la prensa. Más de un año después, un periodista preguntó a Trichet por qué no contestó a la misiva y su respuesta fue un lacónico "Yo soy Mr. Euro".

Pese a que las deliberaciones del BCE son secretas, Trichet ha tratado de dotar de transparencia a sus decisiones con una comparecencia mensual ante los medios en la que anticipa sus próximos pasos. Ésta es una de las razones por la que la última subida de tipos de interés no sorprendió a los mercados. Su ejemplo ha calado en la Reserva Federal, cuyo presidente, Ben Bernanke, celebró esta semana su primera rueda de prensa. El mandato de Trichet expira en otoño y aún no está claro su sucesor. El autodescarte del alemán Axel Weber ha hecho trizas el pacto entre Chirac y Kohl. La UE se enfrenta al relevo sin poder acudir a los viejos equilibrios justo cuando más evidentes son los desajustes. Europa echa ya de menos a Mr. Euro.

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