Los próximos cinco años de la economía china

  • Ante el 19 Congreso del Partido Comunista chino, las implicaciones políticas aún son las más importantes, pero el núcleo del mismo es la economía y el papel de las empresas públicas

Algunos comentaristas se han referido a este congreso, que dura una semana, mencionando la "difícil tarea de leer la política china en las hojas de té", del que varias tazas bebió el presidente Xi Jinping en su discurso inaugural de tres horas. Para algunos resultó eterno y para otros adecuado, si se tiene en cuenta la trascendencia de dirigirse a 2.300 delegados, marcando las directrices a seguir por el país en los próximos cinco años. A Xi Jinping dedica su portada el semanario The Economist, destacándolo como "el hombre más poderoso del mundo"; y en efecto lo es, pues tiene el control absoluto de un país poderosísimo, cosa que no tiene el presidente de los Estados Unidos ni ningún otro líder mundial.

Aunque las implicaciones políticas del congreso siguen siendo las más importantes, el núcleo del mismo es la economía, y dentro de ella es fundamental el papel de las empresas públicas o con influencia del estado. Estas empresas han jugado un papel en los años de crisis -por la que China ha pasado sin que le afectara-, equilibrando la producción y sobre todo el empleo, intentando compatibilizar beneficios y aumento de las rentas salariales, pues el principal reto de un país no democrático es al menos presentar a los ciudadanos un cierto progreso socioeconómico. Estos grupos empresariales públicos se han ido reduciendo y aumentando de tamaño, pasando en los últimos diez años de un balance medio de 200.000 millones de reminbis a 700.000 (un dólar son 6,62 reminbis), dentro de una política de aumento de la competitividad de las mismas. Para ellas Xi Jinping ha señalado tres prioridades: producir más, reducir deuda, y contaminar menos. Es peculiar la insistencia de los líderes chinos en el compromiso ambiental del país, que aunque no se manifiesta en los datos brutos de contaminación, se apoya en la creencia de que una producción limpia y sostenible es más eficiente y da oportunidades competitivas en la economía internacional. Algunos de los problemas a los que se enfrentan hoy estas empresas vienen de la competencia de las compañías tecnológicas que alteran los negocios de empresas establecidas. Dos tecnológicas, Tencent y Alibaba son la séptima y octava del mundo por capitalización, en el entorno de 400.000 millones de dólares de valor bursátil, y suponen -igual que ocurre en el resto del mundo- una amenaza para las empresas tradicionales y el empleo que generan.

Xi Jinping ha marcado tres prioridades: producir más, reducir deuda y contaminar menosLa economía china vive en un equilibrio relativo: crece al 7%, con un paro del 4% y 2% de inflación

El segundo tema que preocupa en China, y fuera, es la deuda privada, por las facilidades de todo tipo que se han dado a las empresas para expandirse mediante endeudamiento, fuera y dentro del país, en actividades productivas y compras, especulativas o no, que tanta alarma causan en Estados Unidos y la Unión Europea, sobre todo en Alemania por el riesgo de apropiación de tecnología como biomedicina o tecnología industrial. Aunque las compras y fusiones se han generalizado en el mundo como consecuencia de las facilidades financieras pro parte de los bancos centrales, en China se ha venido dando desde el principio de la crisis. Hay dos datos de interés; uno es que las empresas públicas cotizadas dan una rentabilidad por acción alrededor del 7%, para las que son estatales, y la mitad, un 3,5%, para las públicas de ámbito local; estos resultados no son espectaculares pero para algunos justifican las inversiones con endeudamiento realizadas. Por otra parte, se calcula en 10 millones de millones de reminbis la exposición de los bancos chinos a productos fuera de balance, con los que en parte se financia la economía, lo que supone el 30% de los activos bancarios; es motivo de preocupación las posibles consecuencias de este shadow banking o financiación alternativa no bancaria, que recuerda situaciones de hace diez años en la economía internacional, siendo lo más grave que este tipo de financiación e inversión prácticamente no existía hace seis años. Los bancos sufren también la competencia de las fintech, que se han hecho por el momento con el mercado de medios de pago.

Un tercer grupo de preocupaciones tienen que ver con la inserción financiera de China en la economía mundial. Dar credibilidad a que el tipo de cambio no está intervenido ha sido una constante de los últimos años, pasando paulatinamente a hacerlo flexible, de manera que sus apreciaciones y depreciaciones, aunque limitadas para evitar especulaciones, respondieran a variables reales de la economía. De esta manera se han superado situaciones graves como la del verano de 2015, y hoy la divisa es relativamente estable. El libre comercio también ha sido un tira y afloja con las principales economías del mundo, y los tratados internacionales suscritos, y el país intenta salvar la cara en cuanto a la reciprocidad de sus actividades de comercio exterior. En los mercados financieros se ha avanzado en la apertura de las bolsas, y la popularidad de las mismas, que ha causado problemas de burbujas ante la fuerte demanda de pequeños inversores; y también se ha ido abriendo al complejo mundo de instrumentos financieros. La política monetaria ha intentado guardar un equilibrio entre los peligros de la expansión y las necesidades del crecimiento y el empleo. Se puede decir que el camino seguido por China es similar al de las economías principales del mundo, aunque da pasos de manera muy cauta y tratando de evitar la fuerte volatilidad de los mercados; esto no lo consigue, por lo que actúan corrigiendo, en un proceso de "prueba y error".

El presidente Xi no ha elaborado un discurso sobre "el estado de la nación", porque no necesitaba justificar lo que se ha hecho, sino proponer una "agenda de trabajo" para los próximos cinco años. China presenta hoy una economía relativamente equilibrada, con un crecimiento en el entorno del 7%, una inflación por debajo del 2%, una tasa oficial de paro del 4%, y un excedente comercial inferior al de la Unión Europea y al de Japón, lo que muestra un cambio en el crecimiento, apoyándose en la demanda interna frente a las exportaciones. Un déficit púbico del 3,9%, razonable en relación a lo que crece la economía, y unos tipos de interés del 3,7% (deuda a diez años), completan, junto con la estabilidad del tipo de cambio, una buena situación económica. Pero, pese al contenido económico de que hablamos, se ha comentado que este congreso es sobre todo de política y control político. Es innegable que se trata de establecer la posición de los dirigentes del partido sobre temas como la corrupción, o el nombramiento de equipos con un componente más político que técnico, frente a la tendencia de hace unos años. Y también, el papel de la economía de mercado frente a la estatal planificada; Jack Ma, el presidente de Alibaba, dijo en una ocasión que "la economía planificada será mayor con la utilización de big data", y hay incluso una propuesta ideológica (teórica) en la que internet puede llevar a la utopía de que cada persona tenga sus propios medios de producción, en una sociedad que combina la acción privada con el control público.

Hay muchos cabos que atar en China, pese al control que ejerce el presidente Xi Jinping. De los 205 miembros del Comité Central nombrados en 2012, hasta la fecha dieciocho han sido detenidos por presunta corrupción, y seis condenados a penas de más de doce años de prisión. A ellos se añaden 150 ministros, altos dirigentes locales, generales y ejecutivos de empresas estatales. Por otra parte, el partido no muestra voluntad de hacer concesiones sobre los derechos civiles y libertad de expresión, manteniendo el carácter arbitrario de los juicios contra activistas sindicales y disidentes, o incluso a quienes se atreven a hacer una broma en internet sobre el presidente. Mientras el éxito económico y la mejora del consumo interno continúen, el partido se auto justifica para continuar con la línea seguida en los últimos cinco años, reforzado por el protagonismo del país en el ámbito internacional. Pero la gran lección del sagaz Xi Jinping es que no resulta incompatible para un político dedicarse a la intriga y manipulación, que proporciona el poder y lo mantiene, prestar atención a los grandes temas del país, y también estar pendiente de la sustancia de las pequeñas cosas que importan en la vida cotidiana.

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