A rey muerto, concierto económico

Seguramente, Artur Mas soñó con una herencia diferente a la recibida de José Montilla cuando, a la tercera, fue la vencida y conquistó la Generalitat. Cataluña cerró 2010 atrapada en el grupo de las nueve comunidades que incumplieron el objetivo de déficit público, fijado en el 2,4%. El tripartito falló en su plan de austeridad y Mas se topó con un tremendo 3,86%. El déficit andaluz asciende, por ejemplo, al 2,99%.

En el Pla Económic i Financier entregado el 28 de enero a Elena Salgado, el Gobierno de CiU exponía sus objetivos, consistentes en rebajar un 10% los gastos no financieros hasta suavizar el déficit al 1,3% en 2011 y al 1,1% en 2013. La tijera supondría ahorrar 2.600 millones durante el presente ejercicio, una cifra muy lejana a los 5.800 que pretende imponer el equipo de Salgado, al que tampoco debe hacerle mucha gracia que Mas se niegue a aplicar una subida de impuestos -su otra exigencia disfrazada de consejo-.

La Generalitat necesita captar en los mercados unos 9.000 millones. Su deuda supera los 40.600. Las empresas públicas perderán un 6% de su masa salarial o un 5% de su plantilla [ver información principal]. El panorama es árido y el margen de maniobra demasiado magro, pero Mas tiene algunas ideas: la primera pasa por implicar al sector privado en la prestación de servicios públicos, muy al estilo de Esperanza Aguirre en Madrid. La segunda, apostar por las exportaciones, que crecieron un 18,3% hasta noviembre. La tercera, impulsar las infraestructuras. La cuarta, retener y atraer el talento. Y la quinta, actualizar las siempre polémicas balanzas fiscales y allanar el camino, ya en 2012, a un pacto fiscal con el Estado que culmine con la creación de un concierto económico -la verdadera meta de CiU para esta legislatura; el episodio independentista se pospone al menos hasta la siguiente-.

Tampoco parece claro que contar con un régimen tributario diferenciado garantice el éxito: aunque el País Vasco destaque entre las regiones que mejor doman el déficit (2,24% a cierre de 2010), Navarra está justo en el extremo opuesto (3,50%).

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