Los usureros hacen de bancos

  • Los 'cambistas' empiezan a aflorar y por cada euro vendido cobran el equivalente a la misma cantidad en oro o plata tasados a ojo, con unas ganancias del cien por cien

Nada más amanecer, empezaron ayer a dejarse ver con cautela los primeros cambistas del mercado negro. En Argentina, en 2001, se les buscó rápidamente un sobrenombre, arbolitos, en referencia a su habilidad. Parecían tener casi tantos brazos como ramas un árbol, con los que atender de forma simultánea a varios clientes. En Atenas aún es pronto para que el acervo popular les otorgue un sobrenombre y la falta de hábito lleva a la confusión, pasan por simples personas que, como el resto, esperan de manera paciente a las puertas cerradas de los bancos mientras se guarda turno para poder intentar sacar algo de dinero en un cajero automático.

En seguida, no obstante, ofertan su especial mercancía a quien necesite adquirirla: cantidades de euros superiores a los 60 por día para los ciudadanos griegos (los turistas con tarjeta extranjera, en teoría, pueden llegar hasta un máximo de 600 euros) estipulado por el corralito decretado desde el lunes por el Gobierno de Alexis Tsipras.

Tras muchas reticencias, uno de ellos accede a consultar con otro señor que, se antoja el jefe, instalado en la terraza de una cafetería aledaña y, después de recibir su aprobación, permite que se le cuestione de manera breve sobre las tarifas establecidas en este incipiente mercado paralelo y el modus operandi del mismo.

"En estos momentos hacemos un cambio de 1 a 1", nos comenta. O lo que es lo mismo, por cada euro vendido se cobra el equivalente a la misma cantidad en oro o plata tasados a ojo, de manera que si, por ejemplo, alguien necesitara realizar un pago de 1.000 euros en efectivo (los griegos no suelen realizar con demasiada frecuencia pagos con tarjeta de crédito), por tanto superior a los 60 euros que permite la ley actual, y no dispone de esa cantidad líquida en el momento, se puede acudir a estos cambistas y tendrá que entregar alguna joya o reliquia familiar que el tasador callejero estime equivale a 2.000 euros en total. Una ganancia del 100%.

Preguntado acerca de si lo que él denomina "servicio" no se parece en exceso a la usura, responde tajante: "En absoluto. Nosotros damos la posibilidad a la gente de que siga resistiendo hasta que pueda acceder de nuevo a su dinero. ¿Qué otra opción dejan los gobernantes? Imagina que tienes que dar de comer a tu familia y no puedes comprar? ¿Qué preferirías, poner comida en la mesa o tener guardado en un cajón unos pendientes antiguos que jamás se usan?. Realmente prestamos el mismo servicio que una casa de empeños".

"Es intolerable. Una vergüenza, prefiero pasar hambre antes", se queja en cambio una señora mayor que ha preguntado por las particulares condiciones de ese servicio a pie de banco y en plena calle que ha comenzado a aflorar en la Grecia del corralito.

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