antonio garrigues walker. jurista

"Creer que hay imposibles me parece una necedad"

-Afirma que el empresario moderno deviene inevitablemente en enfermo mental.

-Vivimos épocas en donde, como decían los viejos filósofos, ni siquiera el futuro es lo que era. El cambio permanente de circunstancias, tanto a escala nacional como sobre todo global, es de tal categoría que un empresario no puede estar tranquilo en ningún momento. Y por otra parte se está produciendo un fenómeno, que es la criminalización de la actividad empresarial y económica, que tiene su parte de realidad y justicia pero que a la vez se acentúa.

-¿Qué le está pasando al capitalismo?

-El capitalismo que tolera y fomenta una creciente desigualdad social va en contra de sus propios intereses porque la desigualdad hace insostenible el sistema. Lo cual tiene que ver también con el comportamiento ético. Un sistema donde la ética desaparece tampoco es viable. Lo que acaba de decir el Papa es una llamada de atención que el mundo empresarial, económico y financiero no debe desoír.

-Pero usted se ha mostrado muy crítico con la Iglesia católica.

-Renovar la Iglesia es quizás la tarea más complicada que hay. Cambiar cualquier estamento no es sencillo, pero cambiar la Iglesia católica es una tarea que tiene algo de imposible. Si Francisco lo lograra, se provocaría una especie de tsunami moral maravilloso, y esa nueva onda podría transformar otros modelos que parecían intocables.

-¿Cuáles?

-Por ejemplo el político, que es el que ha sufrido menos cambios en las últimas décadas. Todos los demás estamentos han tenido que ir adaptándose a los cambios que la política ha rechazado, y ahora lo paga en términos de baja credibilidad y distanciamiento de la ciudadanía.

-La permanente ceremonia de la confusión, ¿no?

-Cuando hay temas que afectan al interés nacional, lo que la gente no soporta son los lenguajes pequeños, cómicos o hirientes, los insultos más o menos entreverados. Realmente la gente está necesitada de ideas grandes, y en la política actual hay muy pocas.

-Lamenta en alguno de sus artículos la "tendencia latina a los planteamientos personales".

-Esa condición latina tiene ventajas como nuestro sentimiento de felicidad y optimismo, pero también defectos: estar mirándose permanentemente el ombligo, confundir el interés personal con el institucional. Hay temas donde deberíamos mejorar. Un país machista y tan profundamente católico como éste ha sido testigo de la revolución de la mujer. El creernos que hay cosas imposibles me parece una necedad.

-Aquí no hay sociedad civil.

-El sector público se retirará poco a poco porque no tiene dinero para hacer las cosas que hacía, y ese hueco debe ocuparlo la sociedad de una forma responsable, o vamos a tener un agujero que dilatará mucho nuestra recuperación y nuestra modernidad democrática. Estamos a miles de kilómetros de distancia de esa misión. La sociedad civil tiene que reaccionar, es un llamamiento que poco a poco irá calando porque nos daremos cuenta de que lo que le da calidad democrática y eficacia económica a un sistema es la potencia de esa sociedad civil.

-¿Era mejor el ciudadano de la Transición?

-Sí. En la Transición los temas eran más pasionales: luchábamos por la democracia, por la vitalidad económica, por ingresar en Europa y la OTAN. Teníamos el deseo de normalizarnos. Creo que hemos perdido esa pasión antigua, pero los problemas que tenemos delante son tan grandes que merecerá la pena afrontarlos con el mismo espíritu.

-Tampoco hay diálogo. Mire Cataluña.

-El modelo territorial no es poco razonable, pero en efecto habría que afrontar el tema de los nacionalismos históricos, y el diálogo es la parte clave. La democracia no consiste en que todos estemos de acuerdo sino en convivir en desacuerdo. Y para convivir en desacuerdo hay que dialogar a todos los niveles.

-Otra reflexión suya: "Estamos muy lejos de una economía de mercado real".

-Sigue habiendo una interferencia tremenda del sector público y una excesiva concentración del poder económico en determinados grupos. En España y Europa estamos muy alejados de un liberalismo económico auténtico.

-Más: "Las democracias han permitido que la libertad del ser humano fuese elegir el color de su coche, siempre que tal color fuese el negro".

-No hay límites a los procesos de expansión de la libertad igual que no los hay a la calidad democrática. La libertad y la democracia son conceptos expansivos, tenemos que ser conscientes de que de alguna forma son como el horizonte al que nunca llegaremos.

-España y el fraude fiscal. O la resistencia hispana a reducir el patrimonio.

-Hemos mejorado entre otras cosas porque se ha instaurado el delito fiscal. Yo viví una época en que la evasión era simplemente una infracción administrativa. Recuerdo cuando discutía con inversores extranjeros que se quejaban de que todas las empresas españolas tenían doble contabilidad. Yo les argumentaba que eso mismo pasaría en EEUU si los empresarios americanos pensaran que podían evadir impuestos.

-¿Por qué considera que la crisis de liderazgo de EEUU se exagera?

-Tienen Wall Street, la lengua franca, el predominio de su sistema legal, el poderío militar y tecnológico. Ningún otro país puede ejercer el liderazgo de manera más responsable y positiva. China no puede bajo ningún concepto. Europa podría, pero el grado de desunión y la falta de una voz única nos anulan.

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