josep piqué. Economista, empresario y ex político

"España y Cataluña deben basar sus argumentos en el afecto"

-¿Añora la política?

-El interés lo mantendré siempre, forma parte de mi ADN, es como un virus sin antídoto. Pero la actividad política la añoro cero.

-Lo tiene clarísimo. Otros deberían seguir su ejemplo.

-No he sido un político vocacional al uso, alguien que empieza muy jovencito y sólo se dedica a eso. He estado muchos años en el sector privado y he vuelto a él. No tengo la actividad política como algo consustancial a mi desarrollo profesional. Por lo tanto, no tengo ese vínculo que puedan tener otros. Al final, entre dos etapas distintas de mi vida, le he dedicado 14 años a la actividad pública, y me parece que eso ya es suficiente.

-¿Qué ha pasado en/con Cataluña?

-La explicación no es en absoluto simple. Nos encontramos con un fenómeno que no está instalado meramente en la política. Está en los sentimientos, y eso es más difícil de gestionar. Espero que entre todos encontremos una solución. Sería un desastre tanto para España como para Cataluña que culmine el proceso soberanista.

-¿Faltan afectos desde el todo hacia la parte?

-Claro. Pero el proceso tiene que ser mutuo. Desde Cataluña veo demasiado a menudo sentimientos de desapego hacia el conjunto de España con argumentos que no me gustan nada. Y también a veces empiezo a observar el mismo proceso desde el otro lado. Necesitamos buscar argumentos en positivo que se basen en el afecto. Hay muchísimas relaciones cruzadas y sería un absoluto desgarro romperlas. Por eso no comparto el centrar los argumentos para hacer frente al desafío soberanista en la mera aplicación de la Constitución o en advertir de todos los males del infierno si el proceso se lleva adelante. Esas posiciones han de complementarse con otras. Si queremos seguir juntos, cada vez más tiene que ser un tema de afectos y no de reproches.

-¿Han dejado de existir los nacionalismos moderados?

-El catalanismo político apostó por la Constitución y la cohesión de España. La clave es saber si ahí dentro sigue habiendo sectores dispuestos al pacto. Nuestra obligación es explorar esa vía al máximo.

-En su último libro, Cambio de Era (Deusto), recuerda que desde 1812 España ha tenido ocho cartas magnas y que ninguna fue reformada.

-Quien en cada momento ha dispuesto del poder político, ha querido una Constitución a su imagen y semejanza. Esa es la expresión de un gran fracaso histórico que supimos corregir de manera muy admirable a raíz de la Transición. Hay que preservar ese espíritu. Si para ello debemos retocar determinados aspectos, no nos cerremos. Al fin y al cabo, una Constitución es una construcción humana y por lo tanto perfectible.

-Da la sensación de que el reformismo de Rajoy ha elegido muy mal las prioridades.

-Habrá que verlo en perspectiva. Las reformas laboral y financiera han avanzado pero se han quedado cortas. La de la Administración está inédita. Más allá de las reformas del Gobierno -discutibles, insuficientes y en algunos casos, como en el fiscal, contradictorias-, las empresas y familias han hecho un fuerte ajuste que nos permite recuperar hoy rápidamente nuestra competitividad.

-Occidente es prometeico y Oriente espiritual, escribía Sándor Marai. China se ha cargado esa idea.

-Una frase del impulsor de las reformas chinas, Deng Xiaoping, transmitía una consigna clara a sus ciudadanos: enriqueceos. ¡Qué poca espiritualidad encierra! La explicación de lo que está sucediendo hay que buscarla más en la convergencia tecnológica y de productividades de los últimos 25 años. El monopolio tecnológico que tenía Occidente a partir de la revolución industrial está desapareciendo con las nuevas tecnologías. Y eso hace que cada vez más la demografía vuelva a ser importante. Dado que las productividades por persona están convergiendo, los países con más habitantes son capaces de producir más. Esto beneficia a China y la India, pero también a México, Indonesia o Turquía.

-Corolario: adiós a la supremacía occidental.

-Cada vez será más difícil la generación autónoma de innovación porque los demás países también se están espabilando. China registra no por casualidad muchísimas más patentes que EEUU o Europa. Los países occidentales tienen todavía un margen de innovación por la potencia de sus centros tecnológicos y de sus sistemas educativos que dan una cierta ventaja al menos temporal. Pero el resto del mundo tendrá nuestras mismas capacidades. Inevitablemente, el peso de Oriente va a ser cada vez mayor.

-¿Está en peligro el Estado de bienestar? China acabará teniendo una clase media espectacular, pero sin el acervo socialdemócrata.

-Habrá un cierto proceso de convergencia. Europa tendrá que adaptar la sostenibilidad de su Estado de bienestar a sus capacidades, pero a la vez, en esas sociedades en las que emerge una clase media, ya está surgiendo una demanda de determinados servicios sociales básicos, siempre con la educación y la sanidad en primer lugar.

-Se nos olvida la India.

-Hablamos de un país con muchas contradicciones y millones de personas que viven en la miseria, pero con un potencial inacabable. A mediados de siglo será el lugar más poblado del planeta. Sus élites hablan inglés, tienen un derecho muy similar al anglosajón y están desarrollando en las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) ejemplos para el resto del mundo.

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