"Orson Welles era un gordo muy folclórico"

-¿Preparada para volver?

-Iba a venir a mi pueblo para la Exaltación de la Saeta, pero el alcalde de La Puebla del Río ha tenido problemas con la justicia y ha venido el desastre. El homenaje será el día 26.

-Es hija del cuerpo...

-Sí señor. Nací en la casa-cuartel de la calle Larga de La Puebla del Río. Hicieron pisos y me hubiera gustado comprar uno.

-Al fin y al cabo, es andaluza y cantante por la Guardia Civil...

-Si lo mira por ese lado. Mi padre también cantaba muy bien. Tenía un tipo impresionante y era muy guapo. Mi madre era Antoñita Moreno bis, tenía el mismo colorido de voz que yo.

-¿Cómo trabajó con Orson Welles?

-Le habló de mí un periodista y abogado muy amigo mío, Alfonso Sánchez. Estaba buscando a alguien que cantara saetas para su película Mr. Arkadin. Vino con la idea de que yo me fuera a Hollywood. Organizó una comida en el Ritz. Ni me lo planteé. Era menor, hija única y mi madre estaba muy delicada de salud. Se portó muy bien conmigo.

-¿Le gustaba lo andaluz?

-Era un entusiasta de los toros. Muy admirador de Antonio Ordóñez.

-De hecho, sus cenizas se esparcieron por Ronda...

-Era un tipo muy folclórico. Muy gordo y muy folclórico.

-¿Usted es folclórica?

-Me considero más folclorista, porque no le he cantado solamente a Andalucía. Yo le canto a toda España. Lo de folclórica se dice con un poco de desdén hacia el género y hacia las personas. No hay derecho con algo que es expresión de un pueblo universal. En Rusia yo canté diez veces El cordón de mi corpiño en la sala Chaikoski. Había dos escalerillas a los lados, se formó un barullo de mil demonios. ¿Sabe de quién es El cordón de mi corpiño? La letra de Salvador Guerrero, gaditano; la música, de Carlos Castellanos, cordobés. Los mismos que hicieron Carretera de Asturias.

-¿A qué zona de España no le ha cantado?

-No tuve más remedio que aprender gallego con Mili Porta para hacer La negra sombra y catalán con Ferrer Maura para La santa espina. España entera.

-¿La marcó el oficio itinerante de su padre?

-Se jubiló joven porque le cogió de servicio la explosión del polvorín del Cerro del Águila. Mi padre montó la compañía Filigranas con el empresario malagueño Francisco Ruiberri, dueño del teatro Albéniz de Málaga que yo inauguré. En esa compañía debutaron muchas actrices y cantantes. En La reina mora debutó Concha Velasco, que iba para bailarina. Somos amigas, fuimos vecinas y ella también es hija del cuerpo. Su padre era brigada de Carabineros.

-¿Por qué la saeta?

-Un sacerdote mexicano, el padre Ramón Cué, decía que la saeta era el gregoriano de Sevilla. Es una lanza que se clava en el alma. De niña yo iba al pueblo de mi padre, La Puebla de Cazalla. Mi familia era gente de cortijo, de otro mundo distinto al mío, pero eran muy aficionados a los cantes. Allí se cantaban todavía pregones, y del pregón salió la saeta. Los flamencólogos dicen que en la saeta está lo árabe, lo judío y lo morisco. Las tres culturas.

-Saeta y pregón. ¿Oyó el que dio Antonio Banderas en Málaga?

-Lo que pasa es que él no es cantante. Canta muy bonitos sus boleros y sus cosas. La saeta es otra cosa. Es lo más difícil del mundo. Siendo una niña, fui con mi madre a una de esas casas ricachonas de la Puerta de la Carne. La Niña de la Alfalfa estaba en otro balcón. No sé de dónde me salió la voz. Era muy alta y delgada y la gente se subía por el balcón.

-¿Hace falta creer para cantar?

-Ayuda bastante. Yo me he criado en el convento de San Clemente. Mi tía Dolores, la hermana de mi padre, era la directora espiritual. De niña conocí allí al cardenal Segura, que iba a ver a un familiar.

-El cardenal que prohibió el baile agarrado...

-Posiblemente. Contaban que iba en un coche negro y la gracia sevillana le llamaba la aceituna porque el hueso iba dentro. No quiero que se moleste monseñor Amigo. Me quiere mucho.

-Ya no está de arzobispo...

-¡No me diga!

-¿Hubiera cambiado su vida si acepta lo de Hollywood?

-Si voy, no me hubiera quedado. Tenía amigos en Miami, Puerto Rico o Nueva York. Entré en América por Venezuela. Estuve dos años y medio allí. Fui en avión y volví en barco de todo el equipaje que traía. Actué cinco veces en La Habana, a México iba para dos semanas y me quedé siete meses.

-Sara Montiel sí va a Hollywood.

-Sus mejores películas las hizo en España. C on César Amadori.

-¿Qué aficiones tiene?

-Los perros, sobre todo los caniches, y los deportes. He montado a caballo, sigo nadando y me gustaba muchísimo el tenis. Cuando iba de turné por San Sebastián, jugaba al tenis con Concha Piquer en la playa de la Concha. La gente hacía corros para vernos. Concha estaba de vacaciones con su hija pequeña, su marido y su hermana Anita, que iba con ella siempre. Se enfadaba cuando le ganaba a natación. Un día a las siete de la tarde estaba tomándose un güisquicito y a las siete de la mañana estaba de corpore in sepulto.

-¿Le gustan los homenajes?

-Ahora le quieren poner mi nombre a la calle de Alicante donde vivo. No faltaba más que eso. Es el último sitio donde canté saetas.

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