"Todavía siento pudor al ver mi libro"

El despistado periodista busca paralelismos con Serrat o Sabina, pero el poeta da una sorpresa y un salto generacional y menciona a Vetusta Morla y La Habitación Roja. José Carlos Rosales acaba de salir de su habitual timidez con Poemas a Milena (Pre-Textos), un poemario dedicado a su mujer con el que ganó el Premio Internacional de poesía Gerardo Diego 2010. "En este libro me llevo la contraria totalmente", dice.

-Algunos se tatúan el nombre de la amada en el antebrazo. Usted escribe Poemas a Milena. ¿La tinta de un libro es más indeleble que la de un tatuaje?

-En el libro se cruzan varios juegos literarios. Uno de ellos es que el lector pueda pensar, con legitimidad, que el nombre que aparece en el libro es el de la Milena de Kafka, una mujer con la que Kafka no pudo llegar a nada. Este libro sería como una compensación, llegar al punto al que no pudieron llegar ellos. Este libro surge por casualidad, como la canción de Jorge Drexler Amor y casualidad. Yo tenía cierta timidez porque nunca había publicado poemas en primera persona de un modo tan explícito, pero los poemas gustaron bastante cuando los leí por primera vez en 2006 en un acto de la Asociación Diente de Oro, igual que en otra lectura posterior en México.

-Los tímidos, cuando pierden la timidez, pueden ser los más impúdicos. ¿Ha sido su caso?

-Todavía siento pudor al ver el libro, que es una desviación de lo que siempre he querido, no dar protagonismo a mi propia biografía.

-Sin embargo muestra escenas de la más profunda intimidad: "Entras en la cocina diciendo tengo hambre".

-Los poetas contemporáneos, yo más que otros, estamos preocupados por ser diferentes. En el caso del amor es imposible ser original porque ya se ha escrito todo, pero fundamentalmente se ha escrito sobre el comienzo del amor o sobre su final, poemas despechados, trágicos... Pero, ¿qué ocurre después del entusiasmo inicial?

-Si dos no se engañan, mal pueden tener desengaños.

-Sí, esta canción a la que se refiere es un tema de Sabina que habla de un amor tranquilo. Ese punto tan importante de la cotidianidad amorosa no suele desarrollarse demasiado en la poesía contemporánea. Y hablando de relaciones con la música, me gusta mucho cómo tratan las vivencias amorosas grupos del rock español actual, grupos como Vetusta Morla o La Habitación Roja, que ya no hacen esas canciones de amor bobas y superficiales y hablan de una convivencia cotidiana satisfecha. Se trata de una novedad en la música española, algo que no se daba hace diez años, lo que indica que todavía estamos en un proceso de normalización creativa.

-¿Cómo convive con su mujer, la poeta Milena Rodríguez, ahora que ella es, además, un personaje literario?

-A veces es complicado, pero está bien, porque la literatura va por un lado y todo libro de poemas, por muy explícito que sea, tiene una parte de ficción y de construcción. Refleja nuestra vida, pero no es nuestra vida, no exactamente.

-¿Cómo conviven dos poetas? ¿Discuten los textos durante el proceso de creación o está la coquetería de enseñarse los versos una vez que están terminados y pulidos?

-Hay una mutua comprensión de los cambios del estado de ánimo, de las obsesiones y los pánicos... Nos ayudamos mutuamente.

-Otro poema comienza con esta frase: "Te llamo por el móvil". ¿Mira con recelo las nuevas tecnologías?

-Hay algo de eso, pero a la vez hay una relación complaciente con esas tecnologías. En la página de los agradecimientos aparecen Toshiba y Nokia, porque si no existieran los teléfonos móviles no existiría ese poema. También aparecen en los agradecimientos Ron Bacardío la tintorería de mi barrio. Y es que en este libro me llevo la contraria con frecuencia porque hasta ahora el alcohol no había aparecido en mis poemas.

-Habla de buscar la originalidad en la poesía. En una lectura en La Tertulia leyó un texto inédito en el que se repetía la frase: "Se te lleva el coche la grúa...". ¿Hay poesía también en el hecho posterior de pagar la multa?

-Es un inédito que forma parte de un libro que está acabándose y que se llamará Si quisieras podrías levantarte y volar. Todos esos poemas hablarán de un personaje que decide abandonarlo todo y huir, y una de las cosas que abandona es el coche. Así que mira con satisfacción a la grúa llevándose su coche.

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