James Rhodes. Pianista

"Lo más bonito que se puede hacer es escuchar a otro"

El pianista, James Rhodes./ JOSÉ GUTIÉRREZ El pianista, James Rhodes./ JOSÉ GUTIÉRREZ

El pianista, James Rhodes./ JOSÉ GUTIÉRREZ

-Su gira Fire on all sides pretende "sacudir el polvo que a veces rodea al género de la música clásica". ¿Le ha pasado, como a muchos flamencos, que ha recibido críticas de los puristas?

-Por supuesto que he recibido muchas críticas de puristas de la música clásica, pero no me importan en absoluto.

-Luchó en los tribunales por publicar su libro Instrumental.Memorias de música, medicina y locura, pero se ha convertido en un best seller traducido a 15 idiomas. ¿Se esperaba una repercusión así?

-Ni mucho menos. Costó 2.000.000 de euros y tardó 18 meses, el Tribunal Supremo de Reino Unido lo llamó un libro "tóxico", pero mereció la pena luchar porque la respuesta de los lectores de todo el mundo ha sido aleccionadora.

-¿Se ha arrepentido alguna vez por hacer público todo lo que sufrió?

-Nunca. A veces me siento como si me hubiesen descubierto, pero no es una excusa para mantener el silencio acerca de temas que se deben discutir más abiertamente.

-¿Recomendaría a los que han pasado por una situación así que lo verbalicen, además de con sus psicólogos o psiquiatras, en su entorno familiar, social e incluso laboral?

-Hay que tener mucho cuidado porque a veces la familia puede ser la peor opción. Hay organizaciones que pueden ayudar, como también médicos, psicólogos, psiquiatras, profesores y amigos. Lo más importante es encontrar a alguien en el que confías e intentar encontrar el coraje para empezar de hablar. Es la única forma de seguir adelante.

-He leído que entre los 18 y los 28 años, mientras trabajó como hombre de negocios en la City de Londres, no se acercó a un piano. ¿Qué fue lo mejor de aquellos años?

-El nacimiento de mi hijo. Es literalmente la única cosa que recuerdo con cariño de aquella época. El resto era un infierno de ansiedad y obsesión con el dinero. El estrés de trabajar en finanzas hizo que quisiese morirme. Es muy fácil quedarte atrapado en un trabajo o una relación que no funciona porque el miedo de dejarlo te supera. Es mucho mejor ser tonto o valiente y arriesgarte.

-Antes de ser músico intentó ser agente de músicos y visitó en Verno al más poderoso de todos, Franco Panozzo. ¿Cómo cambió su vida esta visita?

-Él fue la primera persona que me animó a creer que yo realmente podría ser pianista profesional. Fue un verdadero shock para mí. Gracias a él, decidí arriesgarme.

-Un músico que ha reconocido haber sufrido tanto, afirma que "la creativa no llega por el dolor, llega pese al dolor". ¿De dónde cree que viene ese mito del artista torturado?

-Buena pregunta. Supongo que es más romántico verlo de esa manera, pero no es cierto. La creatividad es nuestra salida del dolor. Es una señal de salud mental, no un trastorno. Todos estamos torturados hasta cierto punto y si no tenemos algo creativo en nuestras vidas, estamos especialmente jodidos...

-Dejó de beber hace 20 años, pero contaba que para salir adelante se apoyaba en su esposa, el café y la nicotina. ¿Se plantea dejar también los dos últimos?

-Pues mi mujer me dejó hace un tiempo y he dejado de fumar hace 6 meses. La cafeína, probablemente, entrará en la lista de cosas para dejar también. Entonces, probablemente, habré dejado a los tres con el tiempo, pero no tiene ni idea de lo que pagaría por un cigarro sano. Mientras tanto, Paquita Salas y croquetas son sustitutos fantásticos. También estoy bastante seguro de que pasear por Andalucía hará que me sienta mucho mejor.

-Usted cuenta con la música, además de amigos como el actor Benedict Cumberbatch, el dramaturgo Tom Stoppard y el cómico Stephen Fry. ¿Cómo lo superan otras víctimas que no cuentan con ese éxito social?

-He tenido mucha suerte porque personas como Benedict y Stephen sean mis amigos. Yo he recibido mucho apoyo de amigos, que sean famosos o no me parece irrelevante. Se trata de ser visto, ser escuchado, ser oído y ser reconocido. Creo que lo más bonito que podemos hacer a otro ser humano es escucharle sinceramente.

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