Amalia Gómez. Ex secretaria general de Asuntos Sociales

“¡Que no cambie el sistema educativo con cada Gobierno!”

  • A sus 66 años, Amalia Gómez sigue siendo una mujer con carisma, exponente de un conservadurismo comprometido que refleja la cara más progresista del PP. Por eso en su partido nunca dejaron de tirarle los tejos desde que decidió dejar la política activa, hace ya casi una década. Ella elude la cuestión con la broma de que “el único que me tira los tejos es mi marido”, un catedrático de la Universidad de Sevilla con el que tiene dos hijas. Jubilada de su cátedra de instituto, se dedica de lleno a la labor social, ahora como presidenta provincial de Cruz Roja. El tiempo que le queda libre lo dedica a escribir. Publica La escuela sin ley (La esfera de los libros), en el que alerta sobre la violencia en los centros escolares.

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–¿La enseñanza quema más que la política?

–No. En la educación puede haber situaciones en las que una persona se ve desbordada, pero es mucho más gratificante formar personas que tratar de hacer cosas que en ocasiones no son posibles.

–Y eso ocurre en política. 

–En la política hay otra serie de factores que interfieren y que están ajenos a la capacidad de reacción de la persona.

–¿Qué añora más?

–El tiempo que estuve en política luché por cosas en las que creía y en las que sigo creyendo. No borraría nada de lo que he hecho, ni en la política ni en la enseñanza. 

–Pero dejó la primera. 

–Creo que las circunstancias de la vida pueden cambiar, pero las convicciones y las cosas por las que se lucha no. El regreso a la enseñanza fue una decisión meditada y deseada cuando dejé la política, en 2000.

–¿Le importa hablar de política?

–Creo que no debo, dada la responsabilidad que tengo en Cruz Roja.

–¿Ni sobre la trama de espionaje en Madrid?

–Lo que sucede en Madrid debería hacer reflexionar a las personas que dirigen el PP, no por la importancia electoral de la capital ni por el hecho de que allí residan las instituciones del Estado, sino porque hay que replantearse los errores.

–¿Cómo cree que se resolverá?

–Espero que se resuelva sacando a la luz la verdad. 

–Se avecinan elecciones…

–Este tipo de tormentas suelen surgir en los periodos preelectorales. ¿Que quién las provoca? Son los vientos. Pero, ¿quién mueve los vientos? Esto puede desconcertar a muchos ciudadanos.

–¿Si pudiera ser útil volvería?

–Dicen que las personas no son ríos ni arroyos. Yo no lo soy, pero siempre me gusta caminar hacia delante. A veces cojo sendas, otras valles, me cuesta más subir montañas… Uno siempre encuentra el lugar donde puede servir.

–La encuentro muy metafórica.

–Es una forma de eludir el sí y el no, que resultan muy simplificadores. Creo que escribiendo libros, como el de ahora sobre la situación de nuestra enseñanza, ayudo a señalar y a proponer. 

–¿Qué le preocupa de nuestra educación? 

–Que no haya una política de Estado. A los políticos les diría que en lo relativo a educación dejaran de lado las estrategias partidistas, pensando en que ése es el mayor reto a cortísimo plazo.

–¿Empezamos por la Educación para la Ciudadanía?

–La asignatura es, a mi modo de ver, un parche más. Hay disciplinas dentro de la enseñanza en las que se pueden explicar los valores ciudadanos. 

–¿No ve que la asignatura tenga sentido? 

–Creo que ha sido una estrategia para crear divisiones donde no debería haberlas. Es una polémica que se podía haber obviado, dedicando ese tiempo a proponer soluciones y buscar puntos de encuentro. Ha sido un tiempo perdido.

–¿Algún día habrá acuerdo? 

–El día en que Gobierno y oposición alcancen un pacto de Estado en materia de educación pensaré que tenemos una democracia más sólida. ¡Que no haya un cambio del sistema educativo cada vez que cambie el Gobierno! 

–¿Recuerda alguna etapa de consenso?

–En ningún momento. Cada ministro que ha llegado ha hecho una nueva ley y después se la han modificado. Y generalmente sin la participación de los profesores, que deberían ser escuchados.

–A ver cómo los sentamos a todos. 

–Me sorprende que ante los resultados de los datos de la OCDE, del Consejo Escolar del Estado o del Defensor del Pueblo en cuanto a abandono escolar y repetidores los partidos no comprendan que aquí no caben las dudas. 

–¿Cuál es el fallo del modelo?

–Las sucesivas reformas educativas no siempre han sido afortunadas, ni se tomaron medidas ante las posibles disfunciones. Un modelo educativo siempre tiene que ser retocado, pero la peculiaridad aquí es que no hay uno, sino muchos. 

–¿Y…?

–Eso conculca el principio de igualdad de oportunidades. Por otra parte, no hay financiación suficiente para abordar todas las necesidades de una educación moderna. 

–¿Con dinero mejoraría la calidad? 

–La calidad pasa por erradicar la violencia, cosa difícil si no se erradican el absentismo y el fracaso. Hay que invertir en una estructura educativa capaz dar respuesta a los problemas de los chicos… Un profesor no es psicólogo, ni pedagogo. 

–¿Cuál fue su peor momento en la escuela?

–Cuando comprendí que no tenía fuerzas para seguir siendo una mujer que no se agotaba, que podía abarcarlo todo. Llegó un momento en que no me encontraba bien. 

–¿Les ocurre igual a muchos profesores?

–A muchísimos. La convivencia en los centros es difícil. El incidente que se produce en una clase es como una gota de agua. Hay tensión para enseñar. 

–¿La escuela sin ley refleja el entorno social?

–Sí, los niños no son islas y de alguna manera son el resultado de una sociedad que pensó en algún momento que autoridad era represión.

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