miguel ángel bastenier. periodista

"La cantidad de analfabetos que cobija Twitter es apapullante"

-¿Se está perdiendo la figura del animal periodístico, del hombre genéticamente diseñado para dedicarse a esto?

-Existirá siempre, pero es cierto que abunda menos. El animal periodístico es el que sólo se concibe a sí mismo como periodista. Yo no he trabajado nunca en ningún sitio que no fuera un diario.

-En Primera Plana, la película de Billy Wilder, se clava esa esencia de la ambición por la exclusiva.

-Hay un momento maravilloso en el que esconden al condenado a muerte en una dependencia del juzgado mientras redactan la información para que nadie se la pise. Y Jack Lemmon, el periodista estrella, que está a punto de casarse y dejar la profesión, lleva escritos un par de párrafos cuando Walter Matthau, que es el director, le coge el papel, lo lee y le dice estas bellísimas palabras: ¿dónde sale aquí el News Chronicle? Es una exclusiva bestial y el nombre del periódico tiene que aparecer en el primer párrafo.

-Con la crisis, determinados gremios tienen peor imagen que nunca. Los políticos, los banqueros... y los periodistas.

-La nuestra es un profesión que está en el centro de muchas cosas. Tiene aristas con el mundo de la política; menos con el mundo de la banca, aunque desde un punto de vista informativo también. Por una ínfima minoría que pueda estar relacionada de una manera poco grata con esas profesiones que tanto caen en la imagen del público, por esa conexión inevitable que obviamente es perfectamente legítima y honrada, puede ser verdad que la imagen de los periodistas haya sufrido algún deterioro, pero no creo que sea realmente grave, y en cualquier caso no es comparable al descrédito de la clase política o de la realidad bancaria.

-Un periodista ha de ser una especie de enciclopedia andante, ¿no?

-Algunas veces digo que el periodista es alguien que, como el caracol, lleva encima, en la giba, toda una serie de informaciones inútiles hasta el momento en que se descubre que son útiles. Es verdad que en la era de internet esto es menos necesario porque tenemos Google y la posibilidad de comprobar prácticamente todo en un segundo, pero puede haber muchas situaciones en las que el periodista no pueda echar mano de esa facilidad tecnológica y tenga que surtirse por sí mismo. El conocimiento siempre es útil, aunque lo sea menos que hace 20 años.

-¿Nos hemos alejado del lugar de la noticia?

-La tecnología tiene un lado no exactamente malo pero sí peligroso, y es el de una cierta pereza. Internet te lo ofrece casi todo. Eso crea periodistas que no van a los sitios y utilizan esos nuevos recursos como sustituto de la labor presencial, que es esencial. Cada año, el Palacio Matignon organiza un aperitivo con el primer ministro francés. Invitan a los corresponsales de los periódicos más destacados de París. Todo lo que tiene que decir el primer ministro lo cuelgan de inmediato en la red, y hay quien afirma: "ya no tiene ventajas el periódico que acuda sobre los demás porque disponemos de la misma información". Y no es verdad. Aunque tengas el texto perfecto, completo, absoluto, lo presencial nunca será sustituible.

-En España se han puesto de moda las ruedas de prensa sin preguntas.

-Es una vergüenza que no merece nombre. Diré más: en el mundo civilizado no se publican las ruedas de prensa, salvo que se trate de Obama. Tony Blair ofrecía una conferencia de prensa mensual en Downing Street y eso era novedad porque los políticos británicos jamás las dieron, con preguntas o sin ellas. Es una especie de obra de teatro en la que el convocante manda su mensaje. No se trata de contestar a preguntas realmente complicadas o interesantes. ¿Significa esto que los periódicos no deben ir a ruedas de prensa? Deben ir a todas ellas, lo que no está demostrado es que tengan que publicar cosas que interesan muchas veces sólo a quien convoca.

-¿Qué le parece Twitter?

-Es muy útil. Pero la cantidad de analfabetos y maleducados a los que cobija es apabullante.

-¿Cuáles son sus periódicos de referencia?

-Le Monde es el primer diario internacional no español que he leído asiduamente desde muy jovencito, desde cuando Escarpit hacía su columnita en primera página; y más adelante el New York Times, que es un grandioso periódico; y el que yo diría que es el mejor, The Guardian, de menor envergadura industrial incluso que El País, pero escrito con una chispa y una capacidad de innovación tremendas. El NYT y The Guardian han comprendido hace bastante tiempo que lo que aguanta a la prensa tanto en papel como en digital es la agenda propia, aquello que lees en un periódico determinado y en ningún otro sitio.

-Ha mencionado la innovación. Ahí está quizás la clave.

-En la facultad de Periodismo de Saint Louis (EEUU), predican más que secciones lo que llaman clusters, racimos, equipos de periodistas que lo tienen todo (reporteros, diseñadores, fotógrafos) y a los que se asigna trabajo diario pero cambiante. Esto tiene mucho más sentido en periódicos locales. Uno de alcance mundial ha de tener una gran sección de internacional, por fuerza. Y ahí sí hablamos de compartimentos más estancos.

-El periodismo es uno de los pocos oficios donde la discusión ha de ser compatible con la jerarquía.

-Una redacción es una curiosa combinación entre una asamblea popular de extrema izquierda y una monarquía absoluta, lo que significa que hay un plazo en que debe discutirse todo. Pero al final alguien tiene que decir basta.

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