"Mi deporte es visual, me ejercito con la cámara"

-¿Los directores de cine son gente rara?

-Habrá de todo. Tengo un amigo neurólogo que me veía como un bicho raro. Hace años me propuso hacerme una encefalografía para ver cómo estaba mi cabeza.

-¿Y se dejó?

-Me tumbé en una mesa, me llenaron la cabeza de cacharros y me dormí. Al despertar me dijo, indignado: "Eres de libro, una de las personas más normales que he visto en mi vida". Y contesté: "¡Y qué quieres que le haga!".

-Será que le educaron para ser normal.

-Mi madre era pianista profesional y tocaba todos los días para no perder la mecánica. Recuerdo un día que mi hermana, con siete años, estaba tocando una pieza al piano. Mi madre se lo cerró y le dijo: "¡En mi casa no quiero niños prodigio!".

-¿Heredó de ella sus cualidades musicales?

-Tengo un oído estupendo y sentido del ritmo. De joven bailaba de todo, hasta rock and roll. Me pasaba horas bailando.

-¿Su gran pasión es la fotografía?

-Tengo una colección de más de 600 cámaras, casi todas mecánicas. Las mantengo tapadas, con carteles delante para que no se vean. Las enseño a algunos amigos que vienen, pero pocas veces, y nunca todas. Es un placer privado.

-¿También le viene de su niñez?

-Me he psicoanalizado y viene de cuando pequeños leíamos las revistas alemanas que venían a España en la guerra europea. Anunciaban esas cámaras maravillosas, como las Leika, y me dije: "Algún día tendré una de estas".

-Y se hizo fotógrafo.

-Fui fotógrafo y, cuando tuve oportunidad, me compré una de aquellas cámaras. Luego otra. Y así empecé.

-¿Siempre lleva una cámara encima?

-Ahí la tengo. Es un ejercicio como otro cualquiera. Hay gente que hace jogging para estar fuerte físicamente. Yo hago jogging visual. Me ejercito en la forma de ver el mundo a través del objetivo. Es un entrenamiento.

-¿Qué le atrae de la mirada a través de la cámara?

-La fotografía es un misterio, aunque no nos damos cuenta. Algo mágico.

-¿De dónde viene su querencia por el flamenco?

-No lo sé. La verdad es que en mi familia a nadie le ha dado por el flamenco, nada más que a mí. He sentido una atracción grande por Andalucía. Cuando tuve mi primer coche, a los 18 años, me vine por aquí.

-¿Entonces vivían en Cuenca?

-Vivíamos en Madrid y veraneábamos en Cuenca. Mi hermano estaba tuberculoso después de la Guerra y mis padres compraron una casa en un sitio alto. Luego mi hermano hizo allí sus estudios y ahora está allí la fundación Antonio Saura.

-Dicen que sus rodajes son pacíficos.

-No hay necesidad de estresarse. Todo va y viene, la relación entre el equipo tiene que ser cordial y de entendimiento.

-¿Es de los que sufre trabajando?

-No recuerdo haber sufrido con ningún rodaje, disfruto muchísimo. Y con los musicales mucho más. Es un placer único e intransferible tener delante de la cámara a los mejores artistas del flamenco, el tango o el fado.

-¿Cómo se siente en las vísperas?

-¡He hecho ya 40 películas! Me excita algo la aventura nueva, pero me pongo más nervioso cuando el rodaje está adelantado y veo si la película tiene lo que pienso que debe tener.

-¿De qué modo se transforma cuando dirige?

-No me transformo. Estoy vigilando. Con las cámaras digitales se trabaja de maravilla, se controla todo sobre la marcha. Antes tenías que confiar en lo que llevaba la cámara. Te decían: "¡Todo ha ido muy bien!". Y cuando veías la proyección comprobabas que todo había ido muy mal.

-¿Los artistas se desdoblan cuando actúan?

-Los grandes artistas son siempre gente delicada. Están pendientes de cómo perfeccionar unos pasos, cantar mejor o tocar mejor la guitarra, un instrumento que necesita horas y horas de práctica.

-¿Esa obsesión por el arte tiene algo de locura?

-No soy psiquiatra, pero hay un punto de paranoia en eso de dedicarse a una sola cosa toda la vida. Es cierto que el empeño en mejorar se puede convertir en una obsesión.

-Qué busca en esta película?

-Flamenco fue mi primer musical sin argumento y en él jugábamos con elementos muy sencillos, la luz y las sombras. Después he ido complicado las cosas para experimentar. Me maravilla la integración del baile con otros elementos, en este caso con la pintura.

-¿Reunirá a los nuevos valores?

-Se trata de ver qué ha pasado en el flamenco en estos 15 años. Hay algunos maestros que siguen en la película, como Paco de Lucía, pero en general son gente nueva. Ha habido una renovación importantísima.

-¿Qué palos le inspiran más?

-La bulería, porque es muy festiva, y otros ritmos menos puros que incorporan mezclas de Latinoamérica. El flamenco es fruto de la fusión.

-A pesar de los puristas.

-Cuando hice Sevillanas todo el mundo insistía en que no eran flamenco. Manolo Sanlúcar, que es un sabio, me descubrió que sí. La sevillana es una maravilla, una de las cosas más bellas que hay.

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