Los disfraces se adueñaron de las calles de la capital

l Una vez al año, nos olvidamos de quienes somos y sacamos a la calle aquello que nos gustaría ser. Es la gracia del Carnaval, un tiempo en el que la parodia de todo lo que nos rodea y de nosotros mismos. Al final, como caso siempre, son los más pequeños quienes nos dan una lección de cómo se deben vivir estas celebraciones. Almería fue sólo un ejemplo de los pueblos de la provincia que olvidan sus dificultades y se lanzan a las calles a disfrutar de la alegría propia y ajena.

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