Xavier Prats Monné. Director de Educación y Cultura de la Comisión Europea

"En educación no se trata de gastar más, sino de cómo"

  • Prats pone el acento en los profundos cambios que está experimentado la distribución del talento en el mundo. En 2000, Europa, Estados Unidos y China tenían sus fuerzas equilibradas. Para 2020 la cifra de universitarios se elevará a 240 millones, pero un tercio de ellos serán chinos.

El director de Educación y Cultura de la Comisión Europea, Xavier Prats Monné (Tarragona, 1956) visitó el martes Málaga, invitado por el Centro de Debate y Desarrollo, para hablar sobre el futuro de las universidades.

-¿Cómo es ese futuro?

-Las universidades tienen un futuro extraordinario pero no serán como las conocemos hoy. La combinación de globalización, tecnología y cambio demográfico las transformarán igual que hicieron con la música, la banca o la prensa.  

-¿Están preparadas para el desafío?

-Las universidades tienen una estructura muy vertical por disciplinas y departamentos, cuando el conocimiento cada vez es más  el resultado de redes flexibles y complejas. Por ejemplo, si queremos resolver el cambio climático debemos tratarlo como un problema, no como una disciplina separada. Esto implica cambios importantes en la gobernanza y si algo las caracteriza las universidades públicas es que no son muy flexibles. 

-¿Los recortes juegan a la contra?

-Hay una verdad fundamental. Si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia. No obstante, las cosas no son simples. Se puede gastar mucho dinero en educación y obtener resultados muy distintos. No se trata de gastar más, sino de cómo se gasta, con qué fines y con qué resultados. Es difícil imaginar que las fuentes actuales de financiación de la educación superior sean suficientes para satisfacer la demanda de mayor conocimiento, y no a consecuencia de la crisis. Las universidades pueden dar más a la sociedad, pero es necesario  pasar de un sistema de control estricto y constreñido, a otro en el que tengan mayor nivel de libertad y la supervisión se ejerza sobre los resultados.

-No sirve el modelo actual.

-No es casualidad que no haya ningún país en el mundo que no esté reformando su sistema universitario.

-¿Debe responder la oferta académica a las demandas del mercado?

-Satisfacer al mercado desde la educación es muy difícil. Es una tarea frustrante. La mayoría de los empleos actuales no existían hace años. Distinto es que los sistemas educativos den el tipo de competencias que se van a necesitar en el mundo que vamos a vivir. 

-¿Ha logrado el plan Bolonia los objetivos?

-Bolonia ha conseguido mucho. Hoy hay una idea muy clara sobre el tipo de formación universitaria que se recibe y esto facilita muchísimo la movilidad.

-Sin embargo, la comunidad docente lamenta el plan Bolonia a la española, con clases masificadas en las que no se puede hacer seguimiento personalizado, con mucha carga burocrática...

-Estoy de acuerdo en que Bolonia no hace milagros. Ni ha resuelto los problemas de gobernanza ni era la respuesta. Pero ha conseguido lo básico: se acaba de firmar un acuerdo que supone el reconocimiento automático de títulos equivalentes. Ahora falta mayor disponibilidad de las universidades para aceptar los programas académicos de otras.

-Es decir, el título de un profesional sí se acepta, pero un estudiante no puede pasar de una a otra  universidad con facilidad.

-Sí, porque las universidades tienen el monopolio de la certificación, pero ahora llegan otros actores que están empujando para dar una oferta educativa más modular porque hay más gente que necesita buenos conocimientos en derecho o gestión que un MBA o un título de abogado.

-Apenas se ha implantado el plan Bolonia y se plantea para 2017 otra reforma, para reducir los grados de cuatro a tres años y elevar los másteres de uno a dos. ¿Es necesaria?

-No quiero entrar en si está bien o mal, pero responde a una tendencia  general. 

-Los créditos del grado de Medicina en primera convocatoria en Cataluña cuestan 14.231 euros. En Andalucía 4.500. ¿Tiene sentido esta asimetría?

-No me quiero pronunciar, pero sí creo que es muy importante no fijarse en el coste de las tasas, sino en la relación entre lo que una universidad cuesta y lo que  ofrece.  

-En 2012 la Comisión Europea sorprendió anunciando que no tenía dinero para pagar a los Erasmus. ¿Está el programa garantizado?

-Absolutamente. Tiene para los próximos siete años 14.700 millones que suponen un aumento del 40%. 

-España sigue a la cabeza de Europa en abandono escolar temprano. ¿Es esta una batalla perdida?

-Esperemos que no. El abandono escolar ha mejorado incluso en España.

-Desde 2008 ha pasado del 30% al 23%, pero continuamos en primer lugar.

-El mensaje principal que uno puede sacar es que si hay tanto abandono se debe hacer mayor esfuerzo para que los estudiantes vean la importancia de lo que estudian. Una pista es dar mayor flexibilidad a los centros escolares y a los maestros. Para mejorar hay que preocuparse de los profesores. Tenemos evidencias que nos muestran que un sistema que funciona bien es aquel en el que los profesores tienen autonomía y trabajan en un ambiente colaborativo. 

-Y gozan de prestigio social.

-Sí. La encuesta Talis de la OCDE dice que el 80% de los profesores tiene pasión por su profesión, pero sólo el 20% cree que su profesión es respetada. En países como España ese porcentaje es del 10%. El esfuerzo hay que hacerlo ahí. Tenemos pruebas fehacientes de que cuestiones como el tamaño de las clases que tanto llaman la atención a padres y estudiantes no tienen ninguna relación con los resultados.

-Que  dependen....

-De la motivación, la libertad y el ambiente colaborativo, porque puede ser muy imaginativo e innovador, pero si está solo es difícil que mantenga esas capacidades.

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