"Tenemos empacho de bienestar, se es más feliz con menos"

-Dicen de usted que es tímido.

-De joven lo era, en especial con las señoras. Me quité la vergüenza trabajando como especialista de cine, en mis años de estudiante. Fui doble de Richard Burton en Alejandro Magno. ¡Ensayaba las caídas en las cafeterías de París!

-¿Cuando descubrió su espíritu viajero?

-En el internado de los Jesuitas de Tudela, donde adquirí la formación, la rectitud, la austeridad y la disciplina. Estuve detrás de los Jesuitas toda mi vida.

-¿Ellos marcaron su ruta?

-Al contrario que Julio Verne, que escribió su obra sin salir de su despacho, yo sentía la necesidad de ir a los sitios. Me fui a Molucas a leer las Dumenta Moluccensis, cartas de Francisco Javier y otros jesuitas.

-¿El afán de aventura le viene de familia?

-Lo llevo en la piel. Mis antepasados estuvieron en México y en Perú. Un pariente mío, el arzobispo Salcedo, donó 30.000 libros a la biblioteca del Palacio Arzobispal de Sevilla gracias al dinero de América.

-¿Su familia tuvo propiedades allí?

-José Salcedo se fue a Perú en 1600, se casó con un ñusta, princesa inca, y le regalaron unas minas de plata. Me lo contaron con diez años y no paré hasta que fui a las minas, que estaban anegadas.

-¿Con qué edad cruzó el charco?

-Con 26 años batí un récord olímpico de tiro con jabalina y me lo arrebataron mediante una norma de efectos retroactivos. Fue una injusticia, pero también una suerte: decidí marcharme a Perú, donde empecé a descubrir América.

-¿Y después?

-Tuve una beca en Puerto Rico y me acerqué a Colón a través de Marco Polo. ¿Sabe que Colon llevó un libro de Marco Polo en su tercer viaje? Se lo regaló en Sevilla un tal John Day, y tiene setecientas anotaciones a mano.

-Se ve que no ha parado...

-De pequeño me fascinaba la historia de Simbad el marino, con su tapiz volante. Mi tapiz fue Televisión Española, que me permitió viajar a Irán, al Himalaya y entrevistar a Chu En-lai y al Dalai Lama.

-¿Viajaba acompañado?

-Viajaba solo, con una cámara de 16 milímetros en blanco y negro. En el Congo estaba solo cuando mataron a las monjas españolas.

-¿Cuál es la peor guerra que ha vivido?

-Todas han sido tremendas. Cuando estuve en la guerra del Kipur, con Golda Meyer, los sirios arrojaban napalm desde los aviones.

-¿Y la peor de las guerras actuales?

-Siempre la de Israel, porque la llevan dentro del alma. Irán lo único que quiere es que desaparezca Israel y al revés. Conozco bien el conflicto, porque estuve viviendo en Iraq cuando se construían unas presas.

-¿Calcula los kilómetros recorridos?

-Nunca he sido coleccionista de nada. Me gusta recordar los olores y los sabores. Como decía mi amigo Álvaro Mutis: las experiencias viajan bajo la piel. Jesucristo hizo tres años de viaje iniciático. Yo me hice los cuatro viajes de Colón.

-¿Hace quinientos años había más misterio?

-Entonces todo era desconocido. La globalización nos ha hecho distintos para mal, nos ha quitado la ilusión. Aunque hay que decir que quien empezó a globalizar la historia fue Colón, al descubrir América.

-¿Con el siglo XXI llegó el fin de la aventura?

-No, porque detrás está la cultura. Los mitos y leyendas siguen vivos. Recomiendo la lectura de Ciro Bayo, uno de los últimos cronistas de las Indias, un español desconocido aquí.

-¿Aún quedan paraísos perdidos?

-Sí, porque existe el romanticismo, que nos permite huir del empacho de bienestar. Por eso la crisis es perfecta para bajar el techo de las necesidades. Ésa es la manera de llegar a la felicidad.

-¿Qué tiene de malo el bienestar?

-Que deshace la espiritualidad, la familia, la tribu, y destruye el romanticismo, que es la única forma de volver hacia atrás descubriendo lo que antes otros descubrieron.

-Luego la crisis tiene un lado positivo...

-En las crisis investigas, descubres y, al convivir con la austeridad, avivas el intelecto.

-¿Nos sacará de ésta Zapatero?

-Creo que cada cual tiene que recurrir a su espiritualidad. Los políticos hablan del Estado de bienestar y yo creo que hay que hablar del estado de austeridad. Lo peor de nuestro tiempo es el becerro de oro, la perenne cantinela de cuánto voy a ganar, qué me van a dar.

-¿Qué ha aprendido en América?

-Que somos de idea y vuelta, como dice Octavio Paz. Hernán Cortés murió en Castilleja de la Cuesta, pero quería ir a morir en México, porque fue el creador del mestizaje.

-¿Y...?

-La fuerza de ese mestizaje está por encima de los indigenismos. Ningún país del mundo tiene la suerte España con Iberoamérica. Con la Unión Europea nos estamos olvidando de quiénes son nuestros amigos desde hace 500 años.

-¿Equivocamos el enfoque?

-Totalmente. A nuestros hermanos americanos hay que decirles: aquí estamos para lo que queráis. Somos el puente con Europa.

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