Entrevistas

"Se encuaderna para proteger, pero nosotros hacemos obras de arte"

-¿Lo suyo es casi un arte antiguo?

-Casi no, exactamente igual que en los comienzos de esta profesión. Se hacen las cosas totalmente a mano, como en el Medioevo. Los libros buenos, de cuya ejecución alardeamos, los hacemos con las mismas técnicas que utilizaban en el siglo XIV o XIV.

-¿Sólo con las manos y con herramientas antiguas?

-Sí, claro, se utilizan los denominados hierros, aunque ahora ya son de bronce, en cuyos extremos tienen grabado un pequeño fragmento de la decoración del estilo que queremos realizar, que el libro nos pide, por época, por lugar de edición, combinando esos hierros para conseguir una decoración elegante, de acuerdo con la época y el estilo del libro.

-Para el profano, encuadernar un libro es poco más que ponerle unas pastas.

-Claro, pero ese es el concepto que tenemos que combatir nosotros. Aunque el 90% de nuestros clientes ya saben que no es eso. Otros vienen por primera vez y tenemos la obligación de orientarlos. Utilizando un símil que se entienda, en cualquier ciudad no todo van a ser catedrales, hay también casitas bajas.

-Luego para ustedes ¿qué es encuadernar un libro?

-La función prioritaria es la protección de las hojas del volumen, que es el cuerpo, el alma, el espíritu, que es realmente el libro. Pero según el valor de los ejemplares, por su rareza, antigüedad, o por el deseo de los clientes, ya hay libros que merecen no sólo esa protección sino una decoración, es decir que se conviertan en joyas, en obras de arte. Pero ojo, la parte decorativa tiene que estar de acuerdo con el autor o la época. No podemos cometer el anacronismo de encuadernar igual una Gramática de Antonio de Nebrija que un Poeta en Nueva York.

-¿Cuáles son los criterios?

-Esos criterios están marcados perfectamente, según el siglo y el lugar de realización del libro. No se encuadernaba igual en España en un siglo que en Francia o Italia en otro, y eso hay que tenerlo muy en cuenta.

-¿Y no se permiten ustedes saltarse esa regla?

-No, no, eso es una barbaridad. Tenemos que encuadernar de acuerdo con lo que el libro nos pide. En los volúmenes antiguos hay que ser rigurosos con la época. La creatividad total hay que dejarla para los autores modernos, y hay ya se puede dar rienda suelta a la inspiración.

-¿Cuál ha sido el encargo más curioso que han tenido?

-Curioso no, pero uno de los de más responsabilidad fue el de encuadernar el Beato de Liébana de la catedral de Girona, que debido a que el ejemplar no podía moverse tuvimos que hacerlo allí en el mismo templo.

-¿Y alguno al que le tenga especial cariño?

-Pues un oftalmólogo de Sevilla nos encargó una recopilación de poemas que le fue dedicando a su mujer desde que eran novios. Mi eterna primavera se llamaba. Se le hizo una decoración floral, cortes dorados, cincelados, contratapas... una joya. Y yo, cuando estoy un poco lanzado, digo que es lo mejor que se ha hecho en encuadernación en España en el siglo XX.

-¿Cómo ve usted lo del libro electrónico?

-Mire usted, yo he dicho alguna vez que lo más avanzado que tengo es un reloj Cauny. Pero bueno, respetando todas las innovaciones, eso no tiene nada que ver con tener un libro entre las manos, el tacto de la piel, el olor del papel de imprenta, los márgenes, las capitulares, en fin, si la encuadernación está galvanizada, je, je.

-Ahí ya estamos hablando de otras sensaciones

-Y de otros placeres. Yo tengo un cliente en Casares, al que le hice una encuadernación de un ejemplar sobre cacería, del siglo XIV. De esa obra, manuscrita, sólo hay tres ejemplares. Se le hizo una encuadernación marrón sepia, monástica, de las que se denominan de solapa: precioso. Pues este hombre me dijo "señor Galván, rara es la noche que no cojo el ejemplar, me siento y lo sobo".

-Su trabajo no peligra, desde luego

-Claro que no. Digo más, si lo pensamos bien, por qué no vamos a encuadernar esos libros de texto que nos sirvieron para ser hoy director de este sitio, catedrático en esa Universidad, libros que fueron miles de ejemplares, pero ese libro en concreto es el mío, ¡sobre el que he estudiado yo!. ¿Por qué no lo voy a poner en un lugar preferente y destacado en mi biblioteca? No está sólo el valor del ejemplar raro y valioso, sino ese otro más de historia personal.

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