Antonio Garrido. Ingeniero, novelista

"El primer premio literario que gané fue un Mercedes de juguete"

  • Jack Bellis es protagonista de El último paraíso, (Planeta) con la que Antonio Garrido (Linares, 1963), ganó el premio Fernando Lara de novela.

-¿Alguna vez lo han confundido con el actor Antonio Garrido?

-Yo digo que también soy actor. No hay que desaprovechar ninguna oportunidad; estoy muy contento con mi papel de escritor.

-¿Imagina el del lector?

-De jovencito vendía enciclopedias y no soportaba la mirada de la gente. Ahora la puedo mirar de frente. Si los emocioné en las anteriores novelas, con ésta se van a emocionar más. Y encima me han dado un premio que tuvieron Umbral, Terenci Moix, Zoé Valdés, Sánchez Dragó.

-¿Hizo el viaje del protagonista de su historia?

-¿El interior o el exterior? Quiero creer que el interior sí lo hice; en cuanto al exterior, no tiene tanta importancia vivir experiencias para que el lector las imagine, como imaginarlas para que el lector las viva. 

-Como Julio Verne sin salir de su casa de Nantes...

-O Salgari, que nos asombró con unos paisajes de la India sin salir de Italia.

-Usted, de Linares; Muñoz Molina, de Úbeda; Eslava Galán, de Arjona. ¿Qué tiene Jaén para las letras?

-Quizás la aridez y la monotonía del paisaje. Bellísimo paisaje, pero árido y monótono. Puede que eso haga que uno busque otros paisajes, otras aventuras. Por comer aceitunas no creo que sea.

-Usted lleva al lector a Rusia y Luis Rentero llevó ajedrecistas rusos a su Linares natal...

-Los personajes pueden surgir en cualquier lugar. Yo trabajé a partir de una doble documentación sesgada, la soviética y la de los Estados Unidos, que no le iba a la zaga.

-¿Lee rusos o americanos?

-Shakespeare no ha sido superado en los dominios del alma. Me gustan Steinbeck, Scott Fitzgerald, Cormac McCarthy.

-¿Y autores rusos?

-Es otro tipo de literatura, más decimonónica, más pausada, intimista. Como el pueblo ruso, un pueblo paciente, sufridor.

-¿Cómo crea sus personajes?

-Es la tarea más ardua para un escritor, dar con su verdadera dimensión de héroes o criminales.

-¿Ser novelista e ingeniero es vivir una parte de usted en la ficción?

-Es tener una doble vida. Hagas lo que hagas, debes entregarte al máximo. Si no, no lo hagas.

-¿Cómo es la ingeniería de una novela?

-Lo mismo que una catedral. Es una obra de arte pero requiere esfuerzo, preparación, pasión, trabajo y talento.

-¿Lo de ingeniero ayuda o le puede perjudicar?

-Lo importante no es la formación profesional. Hay licenciados en arte que son analfabetos emocionales.

-¿Cómo surge su vocación?

-Yo era un niño muy delgado y no me querían ni para jugar al fútbol. Como me dejaban siempre fuera, aprovechaba para leer y convertirme en protagonista de las aventuras que leía. Eso me podía haber frustrado, aislado, y sin embargo aproveché aquella debilidad.

-¿Cómo ve la historia?

-En Nueva York, paseando por un mercadillo, vendían libros al peso y compré el ensayo donde venía la historia que inspiró todo.

-¿Un hecho real?

-Aquella época, la del 29, fue muy dura. La gente se quedaba en la calle por nada. No había prestación por desempleo ni asistencia sanitaria ni ayuda para las familias. Tres millones de mujeres fueron abandonadas por sus maridos; cuando dejaban de pagar una semana tenían que dormir en la calle entre cartones. Y en ese contexto apareció el anuncio en el New York Times. 

-¿Qué decía el anuncio?

-La Unión Soviética necesitaba mano de obra cualificada y por primera vez América se arrodilla ante su enemigo. Fueron allí buscando la salvación y encontraron su perdición. Se apuntaron diez mil norteamericanos de los que sólo regresaron trescientos. Los demás acabaron en campos de exterminio.

-¿Cayeron en el canto de sirena de la revolución?

-Era curioso. Muchos de aquellos hombres se negaron a coger el autobús que los llevaba a Moscú porque los conducía una mujer. En la Unión Soviética las mujeres pilotaban aviones, dirigían hospitales, construían presas electrohidráulicas. Existía una igualdad con la que acaba la crueldad de Stalin. Estados Unidos no tenía relaciones diplomáticas con la URSS y los abandonó. 

-¿Es un viaje entre dos horrores?

-Es el mismo horror producido por la ambición desmedida de personajes sin escrúpulos.

-¿No les pasó algo parecido con la División Azul?

-La Guerra Civil española es el enfrentamiento entre dos mundos de forma violenta, el fascismo y el comunismo, que toman España como laboratorio.

-Ésa es la tesis de Chaves Nogales...

-Dejaron que nos despedazáramos como leones para ellos sacar lo mejor de ambos mundos, el componente social por un lado, el emprendimiento y la creación de riqueza por el otro.

-¿Quién era el destinatario del anuncio del diario?

-Los soviéticos venden esa maravilla para convencer a los utópicos del mundo.

-El alcalde de Cádiz ha quitado el retrato del Rey para poner el del socialista utópico Fermín Salvochea...

-Lo importante es que la gente sea honesta. Lo que no es de recibo es que los políticos, que son nuestros siervos, vivan en palacios, y muchos de quienes les pagan vivan en chabolas.


-En Valencia se dedica al diseño de automóviles. ¿Qué diseña?

-Los que se venden en el mercado. Alumnos míos trabajan ahora en Ferrari, Porsche, Mercedes. 

-¿Cómo se llevan, usando el refranero, la velocidad con el tocino de escribir?

-Esa afición está muy relacionada con el mundo de la literatura. Con ocho o nueve años me presenté a un concurso de redacción que convocaron en mi pueblo y lo gané. El premio fue un Mercedes de juguete que era más grande que yo.  Cuando lo abrí y lo vi, ya no quería escribir más cuentos. Lo que quería era un coche como ése y con los años me hice ingeniero. En el fondo, el proceso para ser novelista fue parecido.

-¿Se unieron las dos vocaciones?

-Me hice ingeniero, empecé a trabajar y con 35 años decidí que no me iba a morir sin ver cumplido ese sueño. Estuve varios años asistiendo a  talleres de escritura creativa hasta que vi llegado el momento.

-¿La afición a los coches tiene relación con que Santana Motor estuviera en Linares?

-No sé. La de escribir sí que tiene que ver con que mi padre todos los días nos contaba un cuento a la hora de la siesta. No somos conscientes de lo importante que es una infancia feliz para nuestro desarrollo emocional. En mi caso, las cosas que me llamaron la atención de niño me lo siguen llamando ahora. Los relojes, las bicicletas, los coches y los cuentos. 

-¿Quién va a ganar en la Fórmula 1?

-Creo que Hamilton.

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