"En el tenis, y en la vida, se aprende de los errores"

-Sus apellidos huelen a éxito, ¿nos dice el secreto?

-Los cuatro hermanos estamos genéticamente bien dotados para la práctica del deporte, porque a todos nos ha ido bien. Y en mi casa nos inculcaron la disciplina, el espíritu de sacrificio y la ambición por llegar a la meta.

-¿Cuál de sus progenitores empujó más?

-Mi madre era hija de militar y conocía la disciplina. Y mi padre, que venía de una familia humilde, quería imbuirnos de la idea de superación para que tuviésemos más oportunidades.

-¿Qué fue lo más importante que les enseñaron?

-A ser nosotros mismos y luchar por conseguir lo que nos proponíamos. Tuvimos un apoyo muy fuerte, de base profunda, hacia lo que hacíamos. Ser deportista era una aventura y mi padre, que era ingeniero, siempre tuvo esa duda.

-Usted tardó en crecer: le llamaban el bolita.

-Tardé bastante en crecer. Yo medía 1,40 y jugaba con gente de 1,80. Entre los 14 y los 16 años tuve bastantes problemas, porque no podía competir de tú a tú con los que se habían desarrollado antes.

-Pero no se desanimó.

-No supe que podía hacer algo en el tenis hasta los 17 años, cuando crecí y empecé a ganar. De hecho, me habían echado del grupo de élite de la Federación por malo.

-¿Y los demás hermanos?

-Mi hermano Javier, tres años más joven que yo, y mi hermana mayor, fueron buenos desde pequeños. Javier fue campeón de España juvenil. ¡Y de Arantxa ni digamos: a los 12 años era la mejor de España absoluta!

-¿Pero por qué todos tenistas? Sin antecedentes…

-Mis padres se apuntaron a un club de tenis cuando vivían en Pamplona. Aprendieron a jugar, les gustó mucho, y al llegar a Barcelona buscaron un nuevo club. Era un club en construcción, porque los demás resultaban muy caros.

-¿Y allí empezaron a jugar todos?

-El tenis fue entrando nuestras vidas y mis padres se volcaron en fomentárnoslo. En la adolescencia necesitas mucho apoyo de los padres: tienes que ir a torneos, pierdes muchos partidos…

-¿Cree que sus padres los educaron bien?

-Nuestros padres venían de pasarlo muy mal, sus familias vivieron las secuelas de la guerra. Sin haber hecho ningún curso de padres y sin estrategia, nos inculcaron unos valores férreos. Llegabas a casa y no te atrevías a decir nada.

-¿Ahora hubiera sido diferente?

-Esta tercera generación, la de nuestros hijos, ha dado la vuelta completamente a la situación. Se vive mucho mejor y los valores del esfuerzo se han dejado de lado. Yo, que trabajo mucho con chicos jóvenes, veo que el padre ha pasado a un segundo plano.

-¿Y quién lleva entonces la batuta?

-Antes los padres eran el motor de la familia, ahora no tienen ni voz ni voto. ¡Son los hijos los que mandan! En la sociedad de la información hemos pasado de dar pautas a que las pautas las den los hijos y los padres se tengan que adaptar.

-Lo cual es antinatural, ¿no cree?

-Esta sociedad tiene cosas buenas, porque todo va muy rápido, y cosas malas, porque se han perdido unos valores fundamentales. Hay graves carencias de formación, a nivel cultural y de comportamiento.

-¿Cuál ha sido el reto más difícil de su vida?

-Mis retos han sido los mismos que enfrenta todo el mundo: conocerme a mí mismo, desarrollarme, ser persona… En el tenis, el día a día es lo más duro, porque vives en una nube y te puedes cegar. Lo más difícil es mantener los pies en el suelo.

-¿La presión del ranking resulta bestial?

-Sí, es muy fuerte. Todo depende de eso. La sociedad es más competitiva que nunca. Hay jóvenes de 18 años con graves problemas porque no están contentos con su físico. El tenis es el mejor exponente de este mundo competitivo.

-¿En otros deportes no es así?

-Un jugador de fútbol no deja de ser el mejor del mundo si en un partido no mete un gol. En el tenis, cada mes de enero todos los jugadores empiezan de cero. No hay un status que te ganes de por vida: si pierdes vas para abajo.

-¿Qué importancia tiene la psicología en el deporte?

-En el deporte de alto nivel la preparación psicológica es fundamental. Los diez mejores jugadores del mundo lo hacen todo muy bien. Pero gana más el que consigue hacerlo bien en los momentos clave. Y para eso usa su cabeza.

-¿No influyen más la técnica y la táctica?

-La técnica y la táctica las dominan todos. Siempre digo que el éxito depende de la cabeza en el 60%, del corazón en el 20% y del físico en el resto.

-¿Sus técnicas son aplicables a la vida cotidiana?

-Perfectamente aplicables. En la vida se juegan muchos partidos. Hay que aceptar que en algunos momentos se puede perder y no por ello vas a dejar de luchar y crear una oportunidad para ganar el que te interesa.

-Pero si tu rival es superior…

-Cuando te enfrentas a jugadores buenos en su propio terreno hay que ser humilde y aceptar las situaciones. Tienes que asumir todo lo malo que te pude pasar. Si no, te rebotas, pierdes la cabeza y no rindes. Sólo así tendrás una oportunidad.

-¿Se aprende de los errores?

-La única forma de aprender, en la vida también, es equivocándote. En mi etapa de entrenador del equipo de Copa Davis cometí el error de no ser yo mismo desde el principio. Lo importante es que me di cuenta y lo corregí. Cuando haces las cosas bien, a la larga llega el éxito.

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