Amenaza y acongoja el que puede

LA idea es atribuirle a Rusia todas las maldades del mundo. Ian Fleming, Kennedy y otros iconos de la modernidad explotaron un filón que se resiste a desaparecer. Putin nos lo pone fácil. Tiene cara y pasado de espía. Maltrata a la oposición. Controla los medios. Igual que en nuestro Occidente pero en plan descarado. Lo de Georgia ha sido ese paso en falso que ni siquiera los cínicos pueden resistir. Había que leerles la cartilla y así se ha hecho. Sin consecuencias, claro.

Zapatero aprovecha la coyuntura para intentar su enésimo asalto al estrellato mundial. Definitivamente, la suya es alma de mediador. Es lógico que allane el camino por si un día, como hizo Aznar, decide dejar la política para dedicarse a asesorar. Rusia, de cualquier forma, no necesita avalistas. Tenemos la historia, aunque a veces cuente poco. Y los eslavos de aquella parte se enrolaron con los buenos en las dos grandes guerras, pequeñeces aparte (Stalin aún asusta). No sólo eso: su papel en la contención del Imperio Otomano no tiene precio. A Europa no la reconocería ni la madre que la parió sin el dique ruso. ¿Que incordian, amenazan y hasta acongojan? Sin duda. Porque pueden. Como EEUU.

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