Cuchillos sobre el melón sucesorio

  • Empiezan a aflorar públicamente las dudas de los barones sobre la idoneidad de Zapatero para volver a liderar la candidatura en las generales · Las primarias en Madrid pueden abrir la caja de Pandora.

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El PSOE se desploma y la mayoría de españoles consideran -encuestas de la prensa más afín incluidas- que su líder y presidente del Gobierno no debe volver a ser el candidato en las elecciones generales previstas en 2012, un debate del que los estrategas de Ferraz huyen como alma que lleva el diablo pero que cada vez cobra más decibelios entre las bases y hasta algún dirigente socialista, como el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, quien ayer recomendó a Zapatero que "si tiene dudas" no opte a la reelección.

Es la punta del iceberg del desmoronamiento del culto al líder al compás de ese calentamiento global que está sufriendo el PSOE a la vista de los bandazos y torpezas que se suceden en Moncloa ante la crisis, de la desconfianza generalizada y creciente respecto a los mandamases, de la sensación de impotencia ante un paro que se ha subido a las barbas del optimista antropológico y, para colmo, del cariz furibundo que están tomando las elecciones primarias, que más que a disputa hermanada suenan a refriega barriobajera, con sonrojantes acusaciones de pucherazo en Valencia del ex ministro Asunción y suspicaces intercambios de golpes en Madrid entre Trinidad Jiménez y Tomás Gómez.

Éste, el secretario general del Partido Socialista de Madrid (PSM), no pasó por el aro de Zapatero cuando intentó convencerlo de que se quitara de en medio y extendiera la alfombra roja a la ministra de Sanidad para disputar a Aguirre esa quimera de la Comunidad de Madrid. Gómez le dijo a Zapatero que no y el bueno del ex alcalde de Parla se ha convertido en un problema con un potencial devastador para el presidente del Gobierno, puesto que de darse el caso de que Trini -su recomendada, de Zapatero y también del aparato del partido- sea derrotada el domingo próximo por el que se ha erigido en el candidato de las bases, el melón sucesorio se abrirá de par en par por verde que aún pueda estar.

Zapatero se resiste a desvelar sus intenciones y tanto Ferraz como Moncloa intentan zanjar cualquier debate al respecto, por muy evidente que resulten el agotamiento del pastor y de la grey gubernamental. Hoy por hoy, la sucesión de Zapatero es un tema tabú, pero ya circulan quinielas sobre los posibles relevos de un presidente que vive las horas más bajas de su mandato, con enfrentamientos con sus barones -abiertos, con Montilla, por los recortes del Estatut; soterrados, con López, al ningunearle en sus componendas presupuestarias con el PNV para salvar el pellejo-, con los sindicatos -huelga general a la vista- , con antiguos estrechos colaboradores -el ex ministro Jordi Sevilla ha llegado a decir que Zapatero no se fía del todo de nadie, ni siquiera de su propia esposa- y prácticamente con todo lo que se mueve más allá de la adhesión inquebrantable a su figura.

Otro de los barones regionales que ha echado leña al fuego de la caldera de ese poszapaterismo camino de la ebullición ha sido el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, quien calificó a algunos ministros de "déspotas ilustrados que gobiernan para el pueblo, pero sin el pueblo". Es evidente que más de uno está calentando motores y que el poszapaterismo puede ser un hecho más pronto que tarde a la vista de esas encuestas que, mira por dónde, también le hacen ascos a su gran rival, Mariano Rajoy, de quien tampoco acaban de fiarse los españoles por mucho que el PP repunte y se distancie del PSOE: según el barómetro de julio del CIS, la valoración del jefe de la oposición está, a pesar de los pesares, por debajo de la del presidente del Gobierno.

A su vera, yacen agazapados valores en alza como Blanco, incombustibles como Rubalcaba, consolidados como López, desinflados como Chacón y emergentes como Gómez, esperando que se abra el melón sucesorio, que será amargo.

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