Imágenes contra palabras

Vaya por delante que la legendaria máxima de que una imagen vale más que mil palabras a veces resulta tan falsa como un euro de madera y que hay individuos con más efectos especiales que Avatar, auténticos maestros del gesto y la impostura, aunque a la postre sólo ellos mismos -y algún incauto que no conoce del todo el paño- acaban creyéndose a pies juntillas sus películas. Porque nada ni nadie es todo lo que parece y dado que en este mundo es mucho más complicado ser justo que bueno, habrá que hacer un esfuerzo y desprenderse de los prejuicios del golpe de vista y de las fobias y filias personales e ir un poco al fondo de los personajes asumiendo que ninguna imagen es definitiva para el etiquetaje por gráfica que parezca.

Así que, ya puestos, qué mejor escena reciente que la de la peineta que le dedicó José María Aznar al grupito de exaltados que le llamaron de todo en la Universidad de Oviedo para divagar sobre la rediviva figura del ex presidente del Gobierno. La riada de comentarios al respecto no desemboca en ningún mar nuevo: los que le consideran un prepotente colmado de rencor y mal perdedor critican la grosería del gesto, que ven como muy propio; otros se muestran comprensivos y cargan las tintas en la otra parte, la que le gritaba fascista y asesino; y también hay quien roza la originalidad, como el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, al puntualizar los "antecedentes griegos y romanos" -no es broma- del dedo corazón enhiesto de Aznar. "Es un gesto admitido en civilizaciones que han sido cunas de conocimientos, como Roma o Grecia", señaló ayer el perspicaz mandatario gallego.

Pero, sin cachondeo, el gesto de Aznar es ancestral, el mismo que, según la leyenda, Calígula realiza cuando tiende su mano al tribuno Casio Querea, a quien solía tratar de afeminado, para que se la besara de una forma humillante.

Otra leyenda también cuenta que la peineta se acuñó en la Guerra de los Cien Años, que enfrentó a Inglaterra y Francia entre 1337 y 1453: dicen que, en la batalla de Agincourt, los franceses se habían propuesto cortar el dedo corazón a todo arquero inglés que lograsen capturar, así los arqueros mutilados de poco servirían. Cuando la cosa comenzó a decantarse a favor de los británicos, sus arqueros comenzaron a enseñar su dedo corazón a los franceses como burla.

Y hay otra leyenda, más fundada, que se hace eco de la presunta peineta del rey Juan Carlos a los radicales que le increparon durante una visita oficial a Vitoria en junio de 2004. La Casa Real achacó la polémica a una "mala interpretación" del saludo del Monarca, so malpensados.

Otra leyenda, que se desmorona, es la de la flor de Zapatero, que empieza a parecer -¿a algunos, muchos, demasiados?- el único que se cree sus películas y que a veces (ver foto) da la sensación de que se está burlando cuando sólo habla.

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